El diario plural del Zulia

El comienzo del fin (II): “Regresando a Venezuela sentí  toda la presión que conlleva ser venezolano”

“Recorrimos cuatro horas en una camioneta Bronco sinasientos traseros, íbamos como 25 personas apretujadas, luchando por respirar en ese espacio, viajamos de madrugada para evitar levantar sospechas”, expresó Mariana Alvarado sobre su experiencia en la frontera de México con Guatemala

Queriendo dejar atrás la incertidumbre de la vida migrante y decidida a reunirse con su familia, a abrazar a los suyos en un hogar que, aunque distante, siempre había sido su refugio, Mariana Alvarado se encontraba junto a sus cuatro hijos en la frontera de México con Guatemala, lista para comenzar su camino de regreso a Venezuela.

Con las experiencias de otros migrantes resonando en su mente, Mariana había pensado que cruzar el puente que conectaba ambos países sería sencillo. “Eso fue lo que nos dijeron”, expresó. No obstante, al llegar al paso peatonal, varios ciclistas se acercaron para ofrecerles el servicio de cruzarlo, advirtiéndoles que, de lo contrario, no podrían pasar. Mariana y su familia, decididos a caminar, ignoraron las advertencias y emprendieron la trayectoria a pie.

Mientras caminaba recordó cómo, seis meses atrás, había llegado a esa misma frontera en sentido contrario, “Recorrimos cuatro horas en una camioneta Bronco sinasientos traseros, Íbamos como 25 personas apretujadas, luchando por respirar en ese espacio, viajamos demadrugada para evitar levantar sospechas, si alguna autoridad aparecía, solo había que pagar una “vacuna” y continuar. Esa experiencia fue agotadora y muy peligrosa, esa camioneta iba a exceso de velocidad, cualquier error del chofer nos hubiese costado la vida. Al Llegar caminamos un trecho hasta encontrarnos con el río Suchiate, la frontera natural entre México y Centroamérica. Eso no puede cruzarse sin la ayuda de los balseros que han hecho de la necesidad de uno un negocio”, manifestó la zuliana.

Luego continuó compartiendo detalles sobre su retornovoluntario: “Al llegar al punto de control, nos encontramos con un peaje peatonal, pagamos cinco pesos mexicanos cada uno. El personal de migración nos preguntó la nacionalidad, nos tomó una foto y envió un mensaje de voz: 'Allá van cinco venezolanos'. Mientras avanzábamos un viejito nos ofreció cambiar pesos mexicanos por quetzales, la moneda guatemalteca. Yo me ponía nerviosa y me apoyaba en mi hijo mayor para hacer los cambios”.

En su conmovedor relató confesó que solía sentir miedo y ansiedad de cruzar una frontera, lo que le dificultaba contabilizar el monto de la transacción, pero una vez hecho, continuaron caminando, “Al llegar al final del puente, un agente de migración nos pidió los pasaportes, yo le dije que no teníamos y me respondió que sin visa no podíamos ingresar a Guatemala. Yo le reiteré que solo queríamos llegar a Venezuela”, insistió Mariana, confiando en que su sinceridad sería suficiente. Sin embargo, la respuesta del agente fue inflexible: “Necesitan visa”.

En medio de esta desesperación, Mariana solicitó hablar con el superior de los agentes por lo que fue llevada junto a sus hijos a una oficina donde se encontraban dos hombres: el jefe y el sub jefe de migración y a pesar de sus esfuerzos para convencerlos de que su paso era transitorio sus palabras parecían caer en oídos sordos, por lo que no tuvo más remedio que recurrir a las lágrimas y a una mentira: “Por favor, se lo imploro, déjenos pasar. Mi esposo está secuestrado en México, no tengo dinero para pagar rescate y temo por nuestras vidas”, les dijo entre lamentos a aquel par de hombres, cuyo asombro en sus rostros era evidente.

Además expuso la situación de los ciclistas, pidiendo explicaciones sobre por qué ellos podían pasar sin problemas, “El jefe aparentó sorpresa, como si ignorara la gravedad de la acusación y ordenó a su subalterno que intensificara la vigilancia. Yo le pregunté si había una embajada de Venezuela en su país y si existía alguna manera de llegar a ella y su respuesta me convenció de que había una red de corrupción relacionada con el paso de migrantes porque me dijo que hiciéramos magia para pasar al otro lado, que no podía ayudarnos si no teníamos visa, o sea la magia era que teníamos que pagar”, aseguró la zuliana.

Aumento alarmante del secuestro de migrantes en México

Aunque la trágica historia del rapto de su esposo era inventada, en el país azteca el delito más recurrente es el secuestro, seguido de homicidios, extorsión, robos y tráfico de personas. Estas actividades delictivas afectan tanto a ciudadanos nacionales como a extranjeros, constituyendo un problema significativo dentro del complejo panorama migratorio. Las víctimas suelen ser objeto de explotación laboral y sexual, mientras que el narcotráfico también desempeña un papel preponderante en esta problemática.

La violencia en México está frecuentemente vinculada a los enfrentamientos entre cárteles de drogas y a la corrupción que permea las fuerzas del orden. Aunque actualmente no existen cifras oficiales sobre el número de migrantes secuestrados, datos de la Fiscalía General de la República (FGR) revelan que en 2022, el último año con información completa disponible, se registraron 404 secuestros de migrantes en el país.

La mayoría de estos incidentes tuvo lugar en los estados de Puebla, Hidalgo, Estado de México, Morelos y Veracruz, en contraste con los 18 casos reportados en 2019 (16 en 2018). En solo tres años, los secuestros de migrantes aumentaron un alarmante 2,144.44%, siendo la mayoría de las víctimas de nacionalidad venezolana.

Desde que el 21 de enero de 2022 México impuso la visa a los venezolanos, y ante la falta de políticas amigables con los inmigrantes, estos comenzaron a transitar por vías peligrosas en un intento desesperado de esquivar los operativos del Instituto Nacional de Migración (INM), en lo que se define como el “principal corredor migratorio del mundo” por su cercanía con Estados Unidos. Muchos recurren a coyotes que, en ocasiones, terminan secuestrándolos, exponiéndolos aún más a esta problemática.

Extorsionados en Guatemala

A pesar de sus esfuerzos por persuadir a los agentes de migración de que su tránsito por Guatemala sería temporal, recibió un contundente rechazo. Derrotada, Mariana dio media vuelta junto a su familia y, mientras caminaba, un joven de unos veinte años se le acercó con una oferta: un pase al otro lado por la suma de $200, una cantidad que no tenía.

Junto a sus hijos, se sentó al borde de una cerca de ciclón, esperando alguna señal. Pasados unos minutos, el joven se dispuso a coordinar con “los jefes” el cruce de la familia zuliana, indicándoles que debían esperar a que los encargados se fueran a almorzar para que pudieran pasar sin problemas. En ese instante, Mariana reafirmó su sospecha sobre la vasta red de corrupción que operaba en esa frontera y el modus operandi de los ciclistas, en complicidad con las autoridades migratorias.

“El muchacho nos confesó que el problema surgió porque pedimos hablar con los jefes; si hubiéramos aceptado el pago inicial, ya estaríamos del otro lado”, explicó Alvarado. Después de una prolongada negociación, finalmente acordaron pagar $80 para cruzar por una parte de la cerca de ciclón que estaba rota, lo que les llevaría a un patio trasero de una casa abandonada en territorio guatemalteco.

Una vez que dejaron atrás el país de los mayas, la conexión emocional con su tierra natal se hizo sentir al darse cuenta de que en esa frontera de Guatemala llevaban casi seis horas sin electricidad, lo que les recordó de inmediato a su terruño, donde el suministro eléctrico es inestable y las interrupciones eran parte de su vida cotidiana.

Haber desembolsado los $80 les desajustó el presupuesto para continuar su retorno. El siguiente paso era llegar hasta la frontera de Guatemala con Honduras, pero la falta de electricidad les impedía retirar dinero en las casas de cambio de la zona y faltaban 30 minutos para que cada una de ellas cerrara. Después de mucho caminar, se encontraron con una pareja de guatemaltecos que les ofreció recibir el dinero a cambio de quedarse con el 10% del monto total. No tuvieron más opción que aceptar para poder continuar su trayecto. Con el dinero en mano, compraron los boletos y eligieron viajar en el bus que salía a medianoche hacia la capital para dormir durante el viaje y así ahorrarse el costo de un hotel.

En Ciudad de Guatemala descubrieron que había una sede de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), que se ocupa de la problemática de las migraciones, con sede en Ginebra y oficinas locales en más de 100 países. Era viernes, y como en cualquier país latinoamericano, el personal decidió no laborar. Nadie pudo brindarles ayuda, y desde Guatemala no podían retornar vía aérea, ya que dos de ellos no tenían pasaporte, por lo que iniciaron su camino a Honduras bajo las mismas circunstancias: Ir de viaje en la medianoche para descansar en el autobús para reducir gastos en alojamiento.

Al llegar a Honduras, en horas de la madrugada, caminaron un largo trayecto hasta que se encontraron con un chofer que les ofreció llevarlos a la ciudad de San Pedro. En ese momento, coincidieron con una joven pareja de venezolanos y acordaron ir juntos con el taxista. Al abordar el vehículo, pagaron la mitad del costo y emprendieron el camino. Mariana se reuniría con una hondureña que les brindaría cobijo en su casa por tres días mientras buscaban información sobre cómo regresar a Venezuela vía aérea.

Durante el trayecto, el conductor, que los llevaba en un vehículo destartalado y sucio, cuyas puertas solo abrían por fuera, mencionó más de diez veces lo difícil que habría sido para ellos moverse de ese lugar si no hubiesen aceptado su oferta, “Nosotros nos mirábamos y nos daba risa, nos preguntábamos si el hecho de que repitiera esa historia una y otra vez se trataba de algún desorden mental o simplemente de una borrachera”, recordó la zuliana que por primera vez en todo su relato dejó escapar una sonrisa.

Un par de horas después, llegaron a una estación de servicio para surtirse de gasolina. Una vez lleno el tanque, el extraño conductor manifestó que le faltaba un billete y que se sentía estafado, “Comenzó a pelear y exigió la entrega del dinero completo, se estacionó, los muchachos se bajaron a conversar, a explicarle que sí habíamos dado el dinero completo y buscaban dentro del carro los billetes, pidiéndole que revisara bien sus bolsillos”, explicó Mariana.

Ante el creciente conflicto, la conversación empezó a subir de tono, y la amenaza de llamar a la policía y acusarlos de ladrones hizo que la joven madre zuliana interviniera: “Me bajé del carro y le pedí al señor que se calmara, que indiferentemente de si faltaba dinero o no, yo le iba a dar lo que él decía que faltaba, pero que nos llevara a nuestro destino, que tuviera piedad porque íbamos con menores de edad. Esa fue la única razón por la que avanzamos, porque ese señor estaba dispuesto a acusarnos de ladrones.Regresando a Venezuela sentí lo que sienten mis paisanos en el exterior y toda la presión que conlleva ser venezolano”, exclamó.

Este episodio fue solo una muestra de la dura realidad que enfrentan muchos venezolanos y sería solo un abrebocas a todos los acontecimientos que estaría por vivir durante su retorno voluntario a Venezuela.

Emigrantes enfrentan un retorno incierto a un país en deterioro

En los últimos diez años, aproximadamente siete millones de venezolanos han emigrado debido a la deteriorada situación del país, marcada por una evidente inestabilidad en el suministro eléctrico, uno de los problemas más visibles que enfrenta Venezuela; con una economía severamente afectada por la fuerza que el dólar paralelo ha tomado como la principal moneda de intercambio y una crisis política caracterizada por represión, falta de transparencia electoral y manipulación institucional que generan desconfianza y sensación de impotencia en la población.

Sin embargo, aun cuando el panorama es desolador para los venezolanos, las ganas de volver para esta familia zuliana, seguían intactas.

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