Comerciantes de La Guaira reabren entre los escombros para salvar sus negocios
Dos semanas después del doble terremoto que sacudió al estado La Guaira, algunos comerciantes comienzan a levantar nuevamente las santamarías de sus negocios, impulsados por la necesidad de generar ingresos en medio de una ciudad que aún intenta recuperarse de una de las peores tragedias de su historia reciente.
En Caraballeda, una de las zonas más golpeadas por los movimientos telúricos, apenas tres establecimientos habían retomado sus actividades: una panadería, una pollera y la pequeña tienda de víveres de Alexander Pérez, quien además perdió otro negocio ubicado en la denominada zona cero del desastre.
El comerciante colombiano relata que su segundo establecimiento sufrió pérdidas cercanas al 80 %, mientras que los productos que lograron rescatar fueron donados a los damnificados. Aunque él y su familia resultaron ilesos, reconoce que volver a abrir implicó superar el temor constante a nuevas réplicas.
"Ya veremos qué pasará, pero decidimos abrir precisamente por eso", comentó Pérez, quien explica que mantiene compromisos económicos con decenas de proveedores y necesita reactivar sus ventas para sostener su negocio.
A su tienda llegan vecinos en busca de refrescos, dulces y otros productos que no forman parte de la ayuda humanitaria distribuida gratuitamente en los refugios instalados para atender a las familias afectadas.
Mientras algunos locales vuelven a recibir clientes, el panorama general continúa marcado por calles con edificios colapsados, comercios cerrados y establecimientos que aún permanecen inhabitables debido al riesgo estructural.
El Consejo Nacional del Comercio y los Servicios (Consecomercio) estima que más de 250 pequeños y medianos negocios resultaron afectados por los terremotos, aunque aclara que todavía no existe un censo definitivo sobre el impacto económico en el sector.
Algunas grandes cadenas comerciales sufrieron daños menores, pero fueron destinadas temporalmente como centros de atención, refugios o espacios de apoyo para la emergencia. En contraste, numerosos pequeños comerciantes mantienen sus locales cerrados mientras esperan evaluaciones técnicas o mejores condiciones para reiniciar operaciones.
En Macuto, donde los daños fueron menos severos, la actividad comercial comienza a mostrar señales de recuperación. Astrid Sánchez reabrió el pequeño negocio familiar para vender agua, refrescos, empanadas y pasteles, principalmente a funcionarios y equipos de emergencia que se desplazan hacia las zonas más afectadas.
La comerciante admite que al principio dudó en abrir por respeto al dolor que vive la comunidad, pero la necesidad de sostener a su familia terminó imponiéndose.
"Tenemos que seguir adelante. Tengo dos hijos, una mamá y nosotros también comemos", expresó.
Otro ejemplo es el de Eric Nieves, propietario de una panadería que funciona con producción limitada y mantiene disponibles únicamente pan y alimentos empaquetados. Su principal preocupación ahora no son los daños materiales, sino la posibilidad de que muchas familias abandonen La Guaira, reduciendo la clientela necesaria para sostener el negocio.
A pocos metros, don Elías, de 76 años, volvió a instalar su mesa plegable en una esquina para vender café, cigarrillos y dulces. Con esos ingresos busca costear sus tratamientos médicos, convencido de que, pese a la tragedia, la única alternativa es seguir trabajando.
En medio de los escombros, las pérdidas y la incertidumbre, la reapertura de estos pequeños comercios refleja el esfuerzo de cientos de familias por recuperar poco a poco la normalidad y reconstruir su sustento tras la emergencia sísmica.
