Colas y falta de combustible agravan la crisis del transporte de carga
Las interminables colas en los peajes y las dificultades para abastecer combustible están convirtiendo cada viaje de transporte de carga en una odisea en Venezuela. Jonathan Durvelle, representante del sector, denuncia que una gandola puede pasar entre 30 y 45 minutos en los puntos de cobro, mientras que el suministro de combustible puede extenderse hasta tres días. Este tiempo perdido se traduce en horas improductivas que afectan la eficiencia del sector.
El impacto se siente en cada recorrido. Durvelle explica que entre Puerto Cabello y Caracas, los vehículos de carga deben atravesar tres peajes, lo que puede traducirse en una pérdida de hasta una hora y media. “En los principales peajes, como el de La Entrada, Guacara y Tazón, se requieren al menos 30 o 45 minutos para poder pasar. Entonces súmale a eso que son tres veces que tienes que hacerlo entre Puerto Cabello y Caracas”, enfatiza.
Sin embargo, el problema no se limita al tiempo que un vehículo permanece detenido. Cada hora adicional afecta la capacidad de realizar viajes y se suma a otras demoras que enfrenta el transporte de carga. Durvelle sostiene que las dificultades comienzan incluso antes de llegar a los peajes, ya que el suministro de combustible puede obligar a los transportistas a permanecer entre dos y tres días esperando en las estaciones de servicio.
A esta situación se añaden los puntos de cobro que deben atravesar durante los recorridos. La ruta entre Puerto Cabello y el estado Zulia, por ejemplo, exige pasar por varios peajes antes de completar el trayecto. La suma de estas interrupciones no solo reduce el tiempo efectivo de circulación, sino que también aumenta la duración de los viajes. Para un sector que opera con recorridos sucesivos, el efecto se multiplica.
Durvelle propone que los peajes cuenten con mecanismos para agilizar el proceso, como alternativas digitales de pago. El objetivo no sería eliminar el cobro, sino reducir el tiempo que los vehículos permanecen detenidos. Además, critica las condiciones de las carreteras, señalando que los transportistas deben pagar por utilizar vías deterioradas. “¿Cómo es posible que si estamos cancelando un servicio exista una cantidad infinita de huecos?”, cuestiona.
El estado del pavimento no es la única preocupación. Durvelle plantea que el costo del peaje debería estar relacionado con las condiciones de la carretera y los servicios que ofrece cada tramo. Propone una diferenciación en la estructura de cobro, donde las vías con alumbrado y en buen estado tengan un costo específico, mientras que las que presentan una infraestructura limitada tengan tarifas más bajas.
El tiempo perdido es crucial para el sector, ya que las empresas de transporte no han podido actualizar sus tarifas en los últimos años en relación a sus costos operativos. Durvelle afirma que las tarifas no han sido ajustadas de manera justa durante los últimos seis a ocho años, a pesar del aumento en los tiempos de espera, el consumo de combustible y los gastos de mantenimiento de las unidades.
Para los transportistas, cada demora en carretera representa horas de operación que no pueden traducirse en nuevos recorridos. Este problema va más allá de la incomodidad de una cola; afecta directamente la productividad del sector. La situación coloca a los transportistas ante una ecuación compleja: más tiempo detenido, mayores costos operativos y tarifas que no reflejan las condiciones actuales del transporte de carga.
Mientras los vehículos continúen acumulando horas en los peajes, en las estaciones de servicio y en tramos deteriorados, los transportistas advierten que los recorridos nacionales perderán eficiencia, y el costo de estas demoras terminará repercutiendo en toda la cadena de distribución.
