La muerte de un detenido en Perú reabre el debate sobre abusos policiales
La muerte de Ronald Coaquira, un hombre de 28 años, en una comisaría de Sicuani, Cusco, ha encendido alarmas en la sociedad peruana. Coaquira fue detenido por conducir bajo los efectos del alcohol y llevado a la comisaría para realizar una prueba de alcoholemia. Sin embargo, minutos después de su ingreso al calabozo, fue hallado sin vida, según reportes de la Defensoría del Pueblo.
El informe indica que, tras su fallecimiento, Coaquira fue trasladado al Hospital de Sicuani, donde ingresó como no identificado, ya que sus documentos permanecían en la comisaría. Esta situación ha suscitado una rápida respuesta del Ministerio Público, que ha comenzado a interrogar a los policías involucrados en la detención, así como a otros testigos y a otro detenido que compartía el calabozo con Coaquira.
Este caso no es aislado. Se suma a la creciente preocupación por los abusos dentro de las comisarías peruanas. En junio, la muerte de un menor de 17 años en la comisaría de Manchay, Lima, tras ser supuestamente torturado y mantenido incomunicado durante 41 horas, generó un fuerte rechazo social. La familia del joven lo recuperó gravemente herido, pero falleció poco después.
Además, este año, cuatro policías de Juliaca fueron imputados por la muerte de José Huanchi, un joven de 24 años que, según denuncias, fue golpeado en reiteradas ocasiones mientras era trasladado en un vehículo policial. Estos incidentes reflejan un patrón alarmante de violencia en las fuerzas del orden.
La indignación por la muerte de Coaquira ha llevado a familiares y vecinos a realizar un plantón frente a la comisaría donde ocurrió el fatal suceso, exigiendo justicia y un cambio en las prácticas policiales que han puesto en tela de juicio los derechos humanos en el país.
