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Estados Unidos invierte en IA como nunca antes en su historia

La inversión en inteligencia artificial en EE.UU. supera las movilizaciones de infraestructura del pasado. Expertos advierten sobre la necesidad de ingresos masivos para justificar este gasto monumental.

La inteligencia artificial está transformando la economía estadounidense de manera sin precedentes. No se trata de una mera exageración; los análisis recientes revelan que la IA se está convirtiendo en la mayor apuesta económica en la historia del país. La movilización de recursos para infraestructura relacionada con la IA, como los centros de datos, es mayor que la que se vio en la construcción de canales, ferrocarriles o autopistas interestatales.

El think tank Brookings Institution ha realizado un ejercicio revelador: calcular el gasto en infraestructura de IA en EE.UU. Su conclusión es alarmante y contundente: este esfuerzo está marcando un hito histórico, superando incluso la movilización de recursos en otros despliegues tecnológicos significativos. Para ponerlo en perspectiva, el economista Stijn van Nieuwerburgh, de la Columbia Business School, estima que entre 2025 y 2032, el gasto en centros de datos y otras infraestructuras de IA podría alcanzar los 10,3 billones de dólares, equivalentes al 3,6% del PIB estadounidense.

Comparando con la electrificación y la construcción de autopistas, la diferencia es abismal. Ninguno de esos esfuerzos superó el 1,2% del PIB. Además, se estima que EE.UU. acapara tres cuartas partes de la inversión global en IA, un dato notable si consideramos que se espera que el gasto mundial en centros de datos supere los 30 billones de dólares para 2050.

Sin embargo, el panorama es complejo. Van Nieuwerburgh advierte que, aunque podemos estimar el gasto actual, es difícil prever cómo se comportarán los ingresos futuros. Las inversiones en IA suelen ir acompañadas de acuerdos de deuda cada vez más complicados. Wall Street Journal también ha calculado que las cinco principales empresas tecnológicas podrían gastar 4,2 billones de dólares en cuatro años, pero la creciente parte de ese gasto financiado mediante deuda genera preocupaciones sobre la sostenibilidad de este modelo.

Un artículo reciente del WSJ, firmado por Greg Ip, plantea una afirmación inquietante: para justificar las inversiones en IA, los estadounidenses tendrían que gastar tanto en esta tecnología como en alimentos, lo que representaría un 9% del PIB. Esto implica que, para 2032, la IA debería generar ingresos de aproximadamente 3,5 billones de dólares, cerca del 8,8% del PIB.

Aún así, hay un matiz crucial: estos cálculos asumen cierta estabilidad en los precios de los servicios de IA. Con la competencia y la capacidad en aumento, surge la pregunta de si empresas como Anthropic y OpenAI podrán mantener sus precios actuales. La experiencia previa con la fibra óptica sugiere que la caída de precios podría afectar a los inversores del sector.

Adicionalmente, un estudio de Bain & Company sostiene que para justificar el gasto actual en IA, es necesario el surgimiento de "mercados completamente nuevos" que cierren la brecha de financiación. Aunque se espera que la IA impulse la productividad, los indicadores económicos actuales no reflejan este potencial aún. La historia nos enseña que el impacto de tecnologías disruptivas puede tardar en materializarse, como lo evidenció el economista Robert Solow al referirse a la revolución informática.

En un contexto donde la IA avanza a pasos agigantados, la pregunta sigue en el aire: ¿podrán las empresas estadounidenses generar los ingresos necesarios para justificar esta monumental inversión?

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