Editorial | LUZ: 80 años de grandeza que nos obligan a rescatarla
La Universidad del Zulia no es simplemente una institución académica. LUZ es parte de la historia, de la identidad y de la conciencia del pueblo zuliano.
Durante generaciones, sus aulas fueron escenario de formación, pensamiento, investigación y debate. De ellas salieron hombres y mujeres que engrandecieron al Zulia y a Venezuela: profesionales, científicos, médicos, abogados, ingenieros, periodistas, educadores, investigadores, artistas y dirigentes que llevaron consigo el nombre de nuestra máxima casa de estudios con orgullo, prestigio y honorabilidad.
Ellos construyeron, con conocimiento, disciplina y vocación universitaria, el patrimonio moral y académico que durante décadas convirtió a LUZ en referencia nacional e internacional.
Por eso, al conmemorarse 80 años de su reapertura, la celebración no puede limitarse a recordar glorias pasadas.
Debe ser también una oportunidad para preguntarnos ¿qué Universidad del Zulia estamos dejando a las próximas generaciones? ¿Cómo podemos apoyarla para superar su batalla contra la asfixia del poder central que sigue atropellando?”.
Porque amar a LUZ significa también tener el valor de señalar aquello que la deteriora.
No podemos acostumbrarnos a la mediocridad académica. No podemos aceptar que los intereses particulares estén por encima de la excelencia. No podemos permitir que espacios que deberían estar dedicados exclusivamente a la enseñanza, la investigación y la formación de nuevas generaciones sean afectados por prácticas administrativas cuestionables, falta de transparencia, clientelismo o actuaciones impropias de quienes ejercen responsabilidades como decanos, directores de escuelas, autoridades de postgrado o cualquier otro cargo universitario.
Hoy, una minoría de autoridades a cuyos despachos se les llama “tasca” o “taguara”, puesto que les sirven también para hacer negocios turbios.
Quien ocupa una responsabilidad dentro de LUZ debe tener conciencia que no recibe un privilegio, recibe una responsabilidad histórica.
Administrar una facultad, dirigir una escuela o conducir un programa de postgrado significa custodiar el prestigio construido por miles de profesores, trabajadores, estudiantes y egresados durante décadas.
Y cuando existan denuncias o indicios de irregularidades, la respuesta debe ser transparencia, auditoría, investigación y rendición de cuentas. La Universidad no puede temerle a la verdad.
Es necesario seguir denunciando igualmente el aplastamiento de un chavismo enquistado en Miraflores que estrangula a la academia entre presupuestos desfasados, la negación de revisión de salarios y la tentativa de control. Esto sin negar su objetivo imperecedero de destruir todo pensamiento crítico.
LUZ necesita recuperar plenamente la cultura del mérito.
Que el mejor profesor enseñe.
Que el investigador encuentre respaldo.
Que el estudiante tenga oportunidades.
Que los cargos académicos sean ocupados por quienes tengan preparación, trayectoria y compromiso.
Que ninguna parcela de poder esté por encima de la institución.
Porque una universidad que renuncia a la excelencia termina renunciando a su propia razón de existir.
Hoy corresponde mirar nuevamente hacia aquellos hombres y mujeres que hicieron grande a LUZ. Recordar su ejemplo no para vivir de la nostalgia, sino para recuperar los principios que hicieron posible aquella Universidad respetada dentro y fuera de nuestras fronteras.
Tenemos una deuda con ellos.
Pero, sobre todo, tenemos una deuda con los jóvenes zulianos que todavía sueñan con entrar a sus aulas y encontrar allí una universidad capaz de transformar sus vidas.
Rescatar la Universidad del Zulia debe convertirse en una causa colectiva.
De sus profesores.
De sus estudiantes.
De sus trabajadores.
De sus egresados.
De sus autoridades honestas.
Y de toda una sociedad zuliana que entiende que sin una gran universidad difícilmente podremos construir un gran Estado.
LUZ debe volver a representar conocimiento, excelencia, investigación, pensamiento crítico, movilidad social y oportunidades.
Ese sería el mejor homenaje a quienes durante décadas construyeron su prestigio.
Y también el mejor regalo que los zulianos podemos entregarle hoy, en sus 80 años de reapertura: no solamente celebrar su historia, sino comprometernos a recuperar su grandeza.
Porque LUZ pertenece al Zulia.
Y defender su excelencia, su honorabilidad y su futuro es también defender el futuro de nuestra tierra.
Este diario, seguirá impulsando el rescate hoy minimizada de la grandeza de nuestra máxima casa de estudios y promover al talento de mujeres y hombres de la academia que tienen el talento, la valentía y la convicción de dar lo mejor de ellos para ese hermoso propósito y, siendo nuestra LUZ parte del Zulia, desde fuera de sus límites territoriales le daremos nuestra solidaridad y apoyo moral para coadyuvar en ese propósito.
Carlos Alaimo
Presidente-editor
