El diario plural del Zulia

Editorial | En Versión Final así lo decimos: La transición murió

En 1958, tras el derrocamiento cívico-militar de Marcos Pérez Jiménez, Wolfgang Larrazábal asumió el poder de la junta de gobierno que se configuró para guiar a Venezuela hacia la democracia.

Gobernó hacia una transición que no duró más de un año. En noviembre del mismo año 58 se celebraron las presidenciales. Ya en plena democracia, Larrazábal llegaba segundo con Unión Republicana Democrática (URD), y Rómulo Betancourt, de Acción Democrática, se convertía en el presidente.

Esa transición la construyeron los venezolanos.

La que vendieron en 2026, diseñada desde Washington, resultó en una farsa para colonizar al país, extraer sin escrúpulos los recursos naturales de nuestra tierra, amagar con convertirnos en el estado 51 de Estados Unidos y, lo peor, atornillar en Miraflores a los herederos de la dictadura chavista.

Quieren ilusionar al venezolano con unas elecciones que solo Donald Trump decidirá cuándo y cómo.

Mientras, las tres fases que vociferaron —la estabilización, la recuperación y la transición— se convierten en una operación que responde nada más que a los intereses de Estados Unidos, vistos por la administración Trump como una empresa.

La narrativa de la libertad, los derechos humanos y la democracia en Venezuela eran un cascarón para ganar titulares.

Vimos a una Delcy Rodríguez pasearse en Naciones Unidas, reunida con el Fondo Monetario Internacional, con el Banco Interamericano de Desarrollo, cruzando la plenaria para ir donde Pedro Sánchez y, claro, sentada y fotografiándose con el tutor y jefe Donald Trump.

La lavaron ante el mundo, o al menos eso intentan, y quien enjabona la imagen es nada más y nada menos que el propio Trump.

¿Por qué? Porque Rodríguez supo servir, sabe servir y sabrá servir.

Las señales parecen indicar que, cuando el tutor decida que los venezolanos estamos listos para ir a unas elecciones, la candidata será Delcy Rodríguez. Le están allanando el camino para ello.

Como también sectores le allanan el camino a Trump para que aspire, inconstitucionalmente, a un nuevo mandato. En Estados Unidos saben que su democracia de más de 200 años puede ser torpedeada, y ahora con más efectividad, por el plan que fraguan en el trumpismo dinástico.

¿Qué pueden esperar los venezolanos si el mismo Trump es el que define la democracia del país?

Ahora el reto es más grande: contra la dictadura de 27 años, enroscada por el Washington de Trump.

Carlos Alaimo
Presidente-Editor

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