Gina Montaner | Trump corona a su Miss
Delcy Rodríguez no es una novata en las Asambleas Generales de las Naciones Unidas. En 2019, cuando era vicepresidenta del entonces gobernante Nicolás Maduro, en ese mismo hemiciclo calificó de «terrorismo de Estado» las sanciones de Washington contra el régimen chavista en Venezuela. En aquellos tiempos, la Delcy revolucionaria lideró una manifestación en Caracas para anunciar que llevaría a la ONU miles de firmas en contra de Donald Trump.
Muchas cosas han pasado desde entonces. Por lo pronto, a la llegada a Nueva York de la nueva Delcy, ungida por la administración Trump como «presidenta encargada» o «interina»,
Maduro ya no es el señor envalentonado que, subido a la tribuna de la ONU por última vez en 2018, se mostraba desafiante con el republicano.
Ahora está preso en una cárcel de Brooklyn después de que un operativo militar lo «extrajera» del país en enero. Y la que fuera su confidente y mano derecha bajó del avión oficial luciendo un foulard escarlata.
Si Maduro estaba viendo en ese momento la televisión en el centro de detención federal, debió interpretarlo como el único vestigio que le queda de roja comunista a quien lo entregó al adversario. Había comenzado la era de la tutela estadounidense con Delcy, y el resto del chavismo reciclado, como obediente gestora de los deseos de Washington.
Por eso la Delcy que ha reaparecido en la sede de la ONU ya no es retadora, sino modosa y calculando cada paso y cada gesto, como una aspirante en el concurso de Miss Universo que se sabe observada por el organizador (y Trump es un veterano de estos certámenes).
No se merecerá el cetro, que para eso están sus detractores protestando en la calle por el tongo de que sea la que representa a Venezuela sin legitimidad alguna, pero con ella se puede inventar la categoría de «Miss obediente», que no es la misma que «Miss simpatía».
Delcy estaba lista para subirse a la pasarela en medio de miradas escépticas, pero bajo el ala protectora de Trump, quien en su discurso elogió a los actuales «líderes» de Venezuela por su cooperación, sobre todo en lo concerniente a ese acuerdo petrolero «asombroso», por el que Estados Unidos estaría embolsándose ganancias millonarias que supuestamente también beneficiarían a la Venezuela tutelada.
Cuando el mandatario estadounidense se congratuló por la captura del «dictador criminal», Delcy mantuvo la compostura como si en ese momento desfilara alzada en tacones y con traje típico.
En los pasillos de estas Asambleas Generales circulan grandes intrigas políticas, y una de las más sonadas de la jornada era el encuentro informal que Trump y Delcy tenían previsto en la noche. Mucho mayor era el ruido de los opositores venezolanos en el exterior, indignados por la presencia de la chavista.
Con carteles de «dictadora» y «usurpadora» clamaban por que haya elecciones libres en Venezuela, la liberación de todos los presos políticos y también por el regreso de la líder opositora María Corina Machado, varada en Panamá.
Salvo algunas voces que ya no callan por pura decencia, la diáspora venezolana, que hasta hace poco veneraba a Trump como su salvador, prefiere tapar el sol con pancartas que eclipsan la incómoda verdad: si Delcy Rodríguez hoy ocupa el Palacio de Miraflores es porque así lo ha determinado Washington. Y si María Corina no consigue volver a su país y es tratada como una paria es porque la orden viene de la Casa Blanca.
El encuentro entre Trump y Delcy -acompañados por altos cargos como Marco Rubio, Stephen Miller y Scott Bessent, según ha informado la Casa Blanca- ha sido de bajo perfil, aunque con foto divulgada por la venezolana.
De lo que se trataba era de felicitarla por esforzarse en seguir las directrices de carácter económico que tanto prioriza el republicano. Horas antes, sus «manejadores» se aseguraron de que se reuniera con representantes del Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo.
Que el dinero fluya a pesar de los reparos de los inversores, porque, palabras de Trump: «Al vencedor le pertenece el botín».
Ya pueden desgañitarse los decepcionados exiliados. O que, según resultados de la encuesta de Meganálisis realizada a principios de septiembre, 9 de cada 10 venezolanos desaprobaran que tutor y tutelada se reunieran en Nueva York.
Trump le ha colocado la banda a su candidata «interina». O lo que sea. El cronograma del destino de Venezuela lo manejan él y su entorno.
Mientras el presidente estadounidense premiaba a su Miss particular antes de que esta pronuncie su discurso en Naciones Unidas, se daba a conocer que, una vez más, María Corina intentaba, sin éxito, retornar a Venezuela.
Nunca debió cederle su Premio Nobel de la Paz a un tipo como Trump. La traición estaba servida antes de esta fraudulenta coronación.
Articulo tomado El Mundo.
