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Editorial: La Mafalda de Delcy jamás será la de Quino

La grieta más dolorosa entre la Mafalda del cómic y la del blazer de la presidenta interina es el factor humano. Mafalda es el abrazo al amigo, la solidaridad con el vecino, el dolor por el dolor ajeno. Venezuela, bajo la gestión que Rodríguez representa, ha visto partir a casi 10 millones de sus hijos en el éxodo más dramático y masivo que haya registrado la historia reciente del hemisferio. Familias fracturadas y vidas en tránsito son el resultado directo de un modelo que liquidó el futuro. Aún persisten las persecuciones y presos políticos donde sus condiciones son inhumanas y a veces desconocidas

Hay ironías que rayan en la provocación y símbolos que, al ser vestidos por el poder, se tuercen hasta perder toda su esencia.

Ver a Delcy Rodríguez lucir un blazer con la estampa de Mafalda al llegar desde Caracas a Nueva York en víspera de la Asamblea General de la ONU es un simple guiño estético, un descuido de vestuario ni una estrategia de marketing político digna de generar aplausos. Para sectores humanistas, que coinciden con el carácter pacifista del personaje creado en 1964 por Quino, es una afrenta directa a la memoria cultural del continente y a la inteligencia de los venezolanos.

Mafalda, la célebre criatura creada por el genial humorista gráfico argentino, encarna la conciencia crítica, la defensa rabiosa de la paz, la empatía con los vulnerables y el cuestionamiento implacable al autoritarismo y la hipocresía política. Es la niña que odia la sopa, sí, pero odia muchísimo más la injusticia.

Ver ese rostro impreso bajo los hombros de una de las principales ejecutoras de la destrucción de  Venezuela genera un cortocircuito ético insoportable.

¿Qué diría Mafalda ante el expediente de un régimen que ha pisoteado sistemáticamente los derechos humanos? La niña que pedía: “¡Paren el mundo, que me quiero bajar!”, difícilmente callaría ante las torturas en El Rodeo 1, La Tumba o el Helicoide, ni ante la persecución implacable a la disidencia política que bajo el ala de Nicolás Maduro sus alfiles han creado.

¿Qué pensaría del ecocidio en el Arco Minero del Orinoco? Aquella Mafalda profundamente preocupada por el planeta y el futuro de la humanidad no vería un “desarrollo estratégico” enquistado entre mafias amparadas por militares con altísimos intereses, sino la destrucción implacable de la Amazonía venezolana, el envenenamiento de los ríos con mercurio y el despojo de los territorios indígenas para alimentar el saqueo extractivista.

Tampoco encontraría coherencia la viñeta de Quino en el plano económico. El Socialismo del Siglo XXI ha sido históricamente una fábrica de pobres. Mientras el discurso oficial enarbola un antiimperialismo trasnochado, las alianzas opacas, el remate de la soberanía energética y la entrega de las reservas petroleras revelan un pragmatismo cínico que solo busca la perpetuación en el poder a costa de las riquezas del país.

Pero quizás la grieta más dolorosa entre la Mafalda del cómic y la del blazer de la presidenta interina sea el factor humano. Mafalda es el abrazo al amigo, la solidaridad con el vecino, el dolor por el dolor ajeno. Venezuela, bajo la gestión que Rodríguez representa, ha visto partir a casi 10 millones de sus hijos en el éxodo más dramático y masivo que haya registrado la historia reciente del hemisferio. Familias fracturadas y vidas en tránsito son el resultado directo de un modelo que liquidó el futuro. Aún persisten las persecuciones y presos políticos donde sus condiciones son inhumanas y a veces desconocidas.

Delcy no sabe leer el signo de los tiempos actuales en los que, las redes sociales, también permiten redimensionar los errores. Llevar a Mafalda en el pecho no convierte a nadie en pacifista ni en humanista. Las prendas no borran las políticas ni las estampas ocultan las realidades denunciadas por la comunidad internacional. La Mafalda de Quino perteneció siempre a la gente, al librepensamiento y a la resistencia pacífica contra el abuso de poder. La que hoy se abraza con funcionarios de esa misma ONU que aún revela persecución, tortura y muerte en decenas de prisiones de Venezuela solo por pensar distinto y se pavonea por los pasillos del organismo multilateral en Nueva York es solo una cáscara vacía, una contradicción ambulante: la Mafalda de Delcy jamás será la de Quino.

 

Carlos Alaimo
Presidente - Editor 

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