La IA llega a la ONU en medio de la pugna tecnológica entre EE. UU., China y Europa
La inteligencia artificial (IA) ocupará un lugar destacado en los debates de la 81ª Asamblea General de Naciones Unidas, que se desarrolla en medio de la competencia tecnológica entre Estados Unidos y China y de los esfuerzos de la Unión Europea (UE) por consolidar una posición propia frente al acelerado avance de esta tecnología.
El debate internacional llega además en un momento en el que aumentan los llamados a establecer mayores controles sobre los sistemas de IA más avanzados. El consejero delegado de Anthropic, Dario Amodei, planteó recientemente la necesidad de ralentizar el desarrollo de estos sistemas y reforzar las medidas de seguridad, una postura que también ha recibido respaldo de otros representantes de la industria tecnológica.
La discusión coincide con la visita prevista del presidente chino, Xi Jinping, a Washington el 24 de septiembre, donde se reunirá con el mandatario estadounidense, Donald Trump. La inteligencia artificial forma parte de las diferencias entre ambas potencias, que compiten por el desarrollo de modelos cada vez más avanzados.
Trump ha sostenido que limitar el desarrollo de la IA podría favorecer a China, mientras Pekín continúa impulsando sus propios modelos tecnológicos. La competencia tampoco se limita al diseño de sistemas de inteligencia artificial, sino que incluye el acceso a chips avanzados, centros de datos, capacidad de procesamiento y energía necesaria para mantener estas infraestructuras.
China no tendrá a Xi Jinping como representante en el debate de alto nivel de la Asamblea General. Se espera que el vicepresidente Han Zheng intervenga en nombre del país el sábado 26 de septiembre.
Europa busca fortalecer su autonomía tecnológica
La Unión Europea también intenta consolidar su posición dentro de la carrera global por la inteligencia artificial. Durante este año comenzó a implementar su marco de supervisión establecido mediante la Ley de IA de la UE (AI Act), aunque Bruselas también ha introducido ajustes a algunas de sus normas con el objetivo de impulsar la innovación y la competitividad.
La presidenta del Banco Central Europeo (BCE), Christine Lagarde, alertó esta semana sobre los riesgos derivados de la dependencia europea de tecnologías e infraestructuras extranjeras y defendió el desarrollo de modelos propios de IA y centros de datos dentro del continente.
Por su parte, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, planteó una estrategia que combina el fortalecimiento de las medidas de protección frente a los riesgos de la IA con el incremento de las capacidades tecnológicas europeas.
Durante su discurso sobre el Estado de la Unión, Von der Leyen calificó la Ley de IA como una "pieza crucial" para establecer salvaguardas y anunció conversaciones con los principales laboratorios tecnológicos para abordar mecanismos que permitan acompañar el desarrollo de los modelos más avanzados.
La ONU impulsa reglas internacionales
Ante la rápida expansión de esta tecnología, Naciones Unidas busca establecer un marco de cooperación internacional que permita abordar tanto sus oportunidades como sus riesgos.
El nuevo presidente de la Asamblea General, Khalilur Rahman, ha planteado que los gobiernos deben avanzar hacia una gobernanza de la IA basada en el "acceso equitativo, la seguridad, la rendición de cuentas y la supervisión humana".
En la misma línea, el secretario general de la ONU, António Guterres, ha advertido sobre los riesgos asociados al desarrollo acelerado de la inteligencia artificial y ha defendido una respuesta internacional que permita establecer reglas comunes.
El primer diálogo mundial sobre gobernanza de la IA tuvo lugar en julio pasado en Ginebra, mientras que el segundo está previsto para mayo de 2027 en Nueva York.
A estos esfuerzos se suma un panel científico internacional independiente que tendrá entre sus funciones estudiar las oportunidades y riesgos asociados a la inteligencia artificial y brindar asesoría a los gobiernos en la elaboración de futuras normas.
Para Naciones Unidas, uno de los principales desafíos será garantizar que los países más vulnerables también puedan acceder a los beneficios de esta tecnología y participar en las decisiones que determinarán su impacto sobre áreas como el empleo, la desigualdad y el desarrollo.
