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Trump dinamita negocios  del “bolichico” Alejandro Betancourt  con petróleo venezolano

Sanciones de Washington a Harry Sargeant benefician a Chevron. La medida de la Oficina del Tesoro contra Bluewave Properties Ltd., del magnate estadounidense cercano a Maduro, afectan al acusado de millonarios fraudes, pues posee participación en North American Blue Energy Partners (NABEP), el segundo mayor productor del sector privado en Venezuela después de Chevron Corp. Esta empresa fue fundada por el primo de Leopoldo López. Alessandro Di Stasio, periodista, explica que, en simultáneo con su faceta de millonario, Betancourt lleva años construyendo una imagen como  intermediario, logrando línea directa con entornos influyentes en EE.UU y Europa. “Quizás eso explique por qué ninguna de las investigaciones judiciales abiertas en su contra por presunto lavado de dinero ha llegado a una conclusión definitiva”, argumenta.

La participación del “bolichico” Alejandro Betancourt, en los acuerdos impulsados por Donald Trump en Venezuela, difundida públicamente hace poco más de una semana por Mauricio Clever Carone, hasta entonces el operador petrolero del mandatario estadounidense con el régimen de Delcy Rodríguez, vuelve a ser noticia.

Y esta vez se debe a su cercanía con Harry Sargeant, “El Abuelo”, magnate republicano cercano a Nicolás Maduro, quien se habría empeñado en mantener una agenda propia en el saqueo de los hidrocarburos venezolanos, con la sumisión y complicidad de los Rodríguez.

Fue el viernes cuando la Oficina de Control de Activos Extranjeros del Tesoro sancionó a Bluewave Properties Ltd., propiedad de Sargeant, alegando violaciones de un decreto ejecutivo de 2018 destinado a bloquear los bienes de personas o entidades que se considerara que habían apoyado al antiguo gobierno de Caracas, según una nota de Bloomberg.

Bluewave, con sede en las Islas Vírgenes Británicas, posee una participación minoritaria en North American Blue Energy Partners (NABEP), el segundo mayor productor de petróleo del sector privado en Venezuela después de Chevron Corp. (CVX). Parte del petróleo venezolano que produce NABEP se transforma en asfalto para pavimentar las calles de EE.UU.

Sargeant sirvió como un canal alternativo vital entre Washington y Caracas durante años de profunda hostilidad, acumulando una influencia desproporcionada en ambos lados. El ex piloto de los Marines de Estados Unidos posteriormente se ganó la enemistad de la Casa Blanca mientras la administración Trump tomaba el control de Venezuela, rica en recursos, bajo un nuevo presidente respaldado por Estados Unidos en Caracas.

Inicialmente, la pregunta que se enquistó en el mundo petrolero venezolano es la siguiente: ¿Qué pasó? ¿Por qué Trump presiona para expulsar de Venezuela a un aliado de su partido y lo hace con tanta vehemencia?

La señal es clara: Washington no solo está presionando al régimen, sino que también está cerrando los canales paralelos que durante años mezclaron negocios, petróleo e influencia política. Si Sargeant pierde margen, también lo pierde una vía informal de acceso entre Miraflores y Washington”, expresa Elizabeth Sánchez Vegas, analista.

Sánchez Vegas, presidenta de ISHR International Solidarity for Human Rights, cree que el movimiento busca enviar señale claras desde la Casa Blanca para fortalecer una transición con reglas, interlocutores formales y resultados verificables en Venezuela: “Menos atajos. Más presión. Más claridad sobre quién decide el futuro de Venezuela”, señala.

 

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Los tentáculos de “El Abuelo”

Medios de investigación venezolanos sostienen que Sargeant se movió sin dificultad durante años entre el campo de golf del presidente Donald Trump en Palm Beach y el palacio presidencial de Venezuela, donde se reunía regularmente con el expresidente Nicolás Maduro, —ahora bajo custodia de Estados Unidos— y otros altos funcionarios, incluida la actual presidenta encargada Delcy Rodríguez. Maduro lo bautizó como  “El Abuelo”.

El ejecutivo aprovechó ese acceso poco común para transmitir mensajes de un lado a otro entre los dos antiguos adversarios, y ayudó a liberar a rehenes estadounidenses retenidos en Venezuela en 2025. Al mismo tiempo, cultivó negocios en un país que la mayoría de las compañías petroleras evitaban debido al riesgo político y las sanciones estadounidenses, reseña Bloomberg.

Después de un artículo de The Wall Street Journal sobre la influencia de Sargeant en Venezuela, Trump dijo en redes sociales en febrero que él “no tiene autoridad, de ninguna manera, forma o modo, para actuar en nombre de los Estados Unidos de América, ni tampoco la tiene ninguna otra persona que no esté aprobada por el Departamento de Estado”.

 Un “Bolichico” en las sombras

Alessandro Di Stasio, periodista de investigación, reconoce cercanía entre Sargeant y Betancourt. Su empresa Bluewave Properties Ltd.", sería accionista minoritaria de North American Blue Energy Partners (NABEP), la compañía privada que más produce petróleo en Venezuela después de Chevron.

“¿Y quién es uno de los fundadores de NABEP? El “bolichico” Alejandro Betancourt”, señala en la  red social X.

Di Stasio explica que, en simultáneo con su faceta de millonario, Betancourt lleva años construyéndose una imagen como “facilitador” o intermediario en Venezuela y ha conseguido tener línea directa no sólo con el chavismo, sino también con sectores de la oposición y entornos influyentes en Estados Unidos.

Quizás eso ayude a explicar por qué ninguna de las investigaciones judiciales abiertas en su contra en EE.UU. y Europa por presunto lavado de dinero ha llegado a una conclusión definitiva”, argumenta el periodista de Armando Info, quien hace algunos  meses desmontó la relación entre  entre Betancourt y figuras estadounidenses. Una de ellas, revela, se remont a 2019, cuando Rudy Giuliani, para ese entonces abogado personal de Trump, lo visitó en su castillo de Toledo: El Alamín.

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“Tras esa visita, Giuliani se convirtió en abogado representante de Betancourt en Washington e incluso pidió al Departamento de Justicia que éste no debía enfrentar cargos penales en el caso de lavado de dinero por $ 1.200 millones presentado en Florida”, sostiene Di Stasio, con base en un reportaje de The Washington Post.

Betancourt, según Reuters, amasó una fortuna mediante contratos vinculados a los sectores petrolero y eléctrico del país durante el gobierno del fallecido presidente Hugo Chávez. Al mismo tiempo, enfrentó durante años el escrutinio e investigaciones relacionadas con presuntos casos de corrupción y lavado de dinero en diversas jurisdicciones, incluido Estados Unidos.

A principios de junio pasado, en España, la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional ordenó reabrir una investigación por presunto blanqueo de capitales contra el venezolano, propietario de la marca Hawkers y uno de los rostros más visibles del grupo empresarial DerwickAssociates. La decisión revocó el archivo decretado en marzo por el juez Santiago Pedraz y da un nuevo impulso a una causa que persigue el rastro de miles de millones de dólares presuntamente originados en operaciones irregulares vinculadas con Pdvsa.

El fallo representó una victoria para la Fiscalía Anticorrupción española, que advirtió que el cierre del expediente era prematuro y dejaba sin practicar diligencias consideradas fundamentales. Entre ellas figuran declaraciones de antiguos altos funcionarios venezolanos actualmente bajo jurisdicción estadounidense, y vinculados con investigaciones por corrupción energética.

Al acecho de Chevron

 Más allá del rol de Betancourt, hay muchas dudas sobre el distanciamiento de Trump con Sargeant.

Para Orlando Ochoa Terán, abogado y experto en temas petroleros, la jugada  se explicaría si se suma a la mesa de análisis la salida de carrera de Nabep, principal competidor de Chevron. “La administración de Trump afirma que quiere promover inversión responsable y transparente”, resalta.

“Curioso, Harry Sargeant III es un republicano, ex chairman del Comitè de Donantes del GOP en Florida y, hasta donde se conocía, amigo personalísimo de Donald Trump. Sargeant ha aportado millones de dólares a políticos de Florida”, comenta Ochoa Terán, quien explica por qué dos de los mayores operadores petroleros de Venezuela reciben tratamientos gubernamentales radicalmente diferentes.

Según el abogado, Reuters  describía recientemente a Sargeant como partidario de Trump, con acceso suficiente para influir sobre el regreso de petroleras a Venezuela. Reuters –en sus palabras,  documentó además que Sargeant ayudó a facilitar contactos con Maduro y que tenía vínculos personales con Trump.

Sargeant difícilmente puede exhibir mejores credenciales republicanas. Aun así, Trump afirma que Sargeant no tiene autoridad para representar a Estados Unidos. El contraste con Chevron es significativo”, sostiene.

 

Chevron recibe autorización restringida de EEUU para operar en Venezuela |  Diario FinancieroEl analista deja claro que Sargeant es republicano y Chevron no y que si bien la multinacional tiene una actividad política considerable, contribuye con ambos partidos. “La diferencia entre las dos empresas es otra: Sargeant representa un capital político personal. Vínculos personales, donante, acceso y relaciones individuales dentro del GOP.  Chevron representa el poder institucional corporativo. Relaciones bipartidistas, importancia energética y una presencia empresarial permanente en Washington. Dos formas distintas de influencia”, añade.

Sin embargo, Orlando Ochoa Terán cree que no deja de ser intrigante que Sargeant, gran recaudador, donante por décadas, conectado con Trump, interlocutor de Venezuela y con un enorme crédito republicano, sea empujado a abandonar sus negocios petroleros en Venezuela. “Todo mientras Chevron se expande exponencialmente y Trump celebra públicamente su éxito”, sustenta.

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