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Los Rodríguez pueden lograr con Trump una anunciada derrota en el Congreso

Los demócratas aventajan entre seis y siete puntos a los republicanos y amenazan con arrebatarles la mayoría en la Cámara de Representantes. Luis E. Zué Hernández considera que los Rodríguez apostaron a “estirar el chicle” hasta noviembre para esperar una pérdida de poder de Trump. Jorge Eliécer Morán advierte que un cambio en el Congreso podría limitar a Trump, pero no necesariamente modificar el consenso sobre Venezuela

La desaprobación de Donald Trump supera el 55 % en Estados Unidos y los demócratas mantienen una ventaja de entre seis y siete puntos sobre los republicanos rumbo a las elecciones de mitad de periodo del 3 de noviembre.

Si esta tendencia se mantiene, el partido opositor podría recuperar la Cámara de Representantes y reducir el margen de maniobra del mandatario, un escenario que también podría tener consecuencias para Venezuela y los cálculos políticos de los hermanos Rodríguez.

Los principales agregadores de encuestas muestran una fotografía adversa para Trump. El promedio de FiftyPlusOne ubica a los demócratas en 49,5 % de intención de voto frente a 43,5 % de los republicanos, mientras que otros sondeos mantienen una diferencia similar.

La medición más reciente de YouGov para The Economist, realizada entre el 1 y el 4 de agosto, sitúa la intención de voto en 43,7 % para los demócratas y 38,4 % para los republicanos.

Entre los independientes, uno de los grupos que puede resultar determinante en los comicios, la diferencia es todavía mayor: 38,2 % se inclina por los demócratas frente a 26 % que respalda a los republicanos.

La situación también refleja un desgaste de la figura presidencial. El 55 % de los consultados por YouGov desaprueba la gestión de Trump, mientras 41 % la aprueba. Incluso, 12 % de quienes votaron por el republicano en las elecciones presidenciales de 2024 ahora manifiestan desaprobación hacia su desempeño.

¿Una espera calculada?

Para Luis E. Zué Hernández, licenciado en Relaciones Internacionales, máster en Prevención y Gestión de Crisis Internacionales por la Universidad Carlos III de Madrid, profesor universitario y antiguo director de proyectos de la Fundación Konrad Adenauer, los hermanos Rodríguez pudieron haber apostado a prolongar el escenario político hasta las elecciones de noviembre, esperando que Trump perdiera parte de su poder.

Zué Hernández considera que es probable que el mandatario estadounidense reduzca sus cuotas de poder después de los comicios de mitad de periodo y relaciona ese posible escenario con una estrategia atribuida al oficialismo venezolano, “estirar el chicle”, es decir, prolongar el proceso mientras se espera un cambio en las condiciones políticas de Washington.

Si bien es cierto que esas cuotas de poder se reduzcan en noviembre con las elecciones de medio término”, el trabajo de Trump sobre Venezuela seguiría teniendo un importante respaldo desde el Poder Ejecutivo, sostiene el especialista.

A su juicio, esto limita las expectativas de que una eventual derrota republicana en el Congreso produzca automáticamente un cambio en la política estadounidense hacia Caracas.

Las principales herramientas de presión sobre Venezuela se encuentran en manos del Ejecutivo y de organismos de la administración estadounidense, por lo que una modificación de la correlación de fuerzas legislativas no necesariamente significaría el fin de la presión sobre el gobierno venezolano.

Venezuela, entre el desgaste y los intereses

Zué Hernández también advierte que Trump ha sufrido un desgaste político por la forma en que ha manejado distintos asuntos de política exterior.

A su juicio, el conflicto con Irán, la inflación y el precio de la gasolina han golpeado su capital político, especialmente porque durante su campaña prometió evitar nuevas guerras y priorizar los intereses económicos de los estadounidenses.

En el caso venezolano, señala que Trump presentó inicialmente su política como un triunfo ante el electorado latino, pero los meses de cambios de discurso y la prolongación de la situación con Caracas podrían haber afectado ese respaldo.

El especialista considera relevante el peso del voto latino en Estados Unidos y las diferencias que han surgido incluso dentro del Partido Republicano. Menciona como ejemplo a la congresista María Elvira Salazar, quien ha presionado públicamente a la administración para avanzar hacia una salida electoral en Venezuela.

Para Zué Hernández, una eventual pérdida de poder de Trump en el Congreso no necesariamente se traduciría en una mayor presión demócrata para acelerar un cambio político en Venezuela. Por el contrario, considera que los demócratas podrían asumir una posición diferente frente al proceso.

Además, advierte que existen intereses económicos estadounidenses vinculados con Venezuela, particularmente en los sectores petrolero y energético, así como en áreas relacionadas con la recuperación de servicios públicos. Estos intereses, sostiene, constituyen otra variable que Washington deberá considerar.

El especialista también observa señales recientes que podrían apuntar hacia una definición del proceso venezolano en los próximos meses.

A su juicio, las declaraciones del secretario de Estado Marco Rubio sobre la posibilidad de una solución en meses y no en días, junto con pronunciamientos desde el Congreso estadounidense que reclaman elecciones limpias y transparentes, podrían indicar que Washington busca encaminar el tema venezolano antes de que el desgaste termine afectando el capital político de Trump y, posteriormente, las posibilidades republicanas para las presidenciales de 2028.

Trump puede perder la Cámara

El escenario electoral planteado por Zué Hernández coincide con la evaluación de Jorge Eliécer Morán, doctor en Ciencias Políticas y profesor del Doctorado de Ciencias Políticas de la Universidad Privada Dr. Rafael Belloso Chacín (URBE), quien considera “muy probable” que los republicanos pierdan la mayoría en la Cámara de Representantes.

Morán considera más difícil que los demócratas logren conquistar el Senado, aunque tampoco descarta completamente esa posibilidad. Explica que ambos partidos han recurrido a la modificación de los distritos electorales para maximizar sus posibilidades, una práctica conocida como gerrymandering.

Los republicanos han impulsado cambios en los estados bajo su control y los demócratas han respondido con estrategias similares, como en California.

Sin embargo, más allá de estas maniobras y de los esfuerzos del trumpismo por crear condiciones favorables para sus candidatos, Morán sostiene que el escenario más probable es una derrota republicana en la Cámara Baja.

Una pérdida de la mayoría tendría consecuencias directas para Trump. El presidente podría perder iniciativa legislativa, enfrentar obstáculos para ejecutar determinados recortes presupuestarios y quedar sometido a un mayor control del Congreso.

También aumentarían las posibilidades de investigaciones legislativas sobre actuaciones de la administración, incluidas aquellas relacionadas con posibles violaciones de derechos humanos en materia migratoria y las operaciones del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE).

Morán incluso contempla la posibilidad de que una nueva mayoría demócrata active mecanismos para impulsar un proceso de impeachment, aunque ese escenario dependería de la nueva correlación de fuerzas y de las decisiones que adopte el Congreso.

¿Qué puede pasar con Venezuela?

El eventual cambio de mayoría en el Congreso estadounidense también tendría repercusiones sobre Venezuela, aunque los especialistas consultados difieren sobre su alcance.

Morán advierte que una nueva composición del Congreso podría entorpecer decisiones vinculadas con el proceso venezolano en los ámbitos militar, económico y político. Sin embargo, destaca la existencia de una suerte de consenso bipartidista en Washington sobre la necesidad de avanzar hacia la reinstitucionalización de Venezuela.

Ese punto de coincidencia, explica, estaría relacionado con la necesidad de establecer un nuevo Consejo Nacional Electoral, impulsar reformas legales, avanzar hacia una mayor liberalización política y conducir al país hacia nuevas elecciones.

De esta manera, una eventual derrota de Trump en la Cámara de Representantes no significaría necesariamente un giro automático de la política estadounidense hacia Caracas. El Ejecutivo conservaría herramientas importantes para conducir su política exterior, mientras el Congreso podría aumentar la presión, ejercer mayor fiscalización y tratar de influir sobre las decisiones relacionadas con Venezuela.

Los republicanos controlan actualmente la Cámara de Representantes con 222 escaños frente a 213 demócratas. En el Senado, la diferencia es mayor: 53 republicanos frente a 47 demócratas.

El antecedente de 2018, cuando los demócratas ganaron 40 escaños y recuperaron la Cámara durante el primer mandato de Trump, alimenta las expectativas de una nueva ola opositora.

A tres meses de la votación, la pregunta para Venezuela ya no es únicamente si Trump puede perder poder en el Congreso, sino cuánto de ese eventual retroceso podría beneficiar los cálculos de los hermanos Rodríguez y cuánto margen conservaría el mandatario para mantener su política hacia Caracas.

Porque incluso si los demócratas recuperan la Cámara, el poder de decisión sobre la política exterior estadounidense no desaparecerá de las manos de Trump.

El verdadero impacto dependerá de cuánto logre el nuevo Congreso condicionar al Ejecutivo y, sobre todo, de si el consenso bipartidista sobre Venezuela se mantiene o cambia después del 3 de noviembre.

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