Ricardo Escalante | María Corina se erosiona
El curso de los procesos políticos unas veces es previsible, otras, por el contrario, es inesperado y llegan hasta lo insondable y rematan en el silencio sepulcral. Unas veces son violentos, otras pacíficos y lentos. Eso sí, jamás se detienen porque como reza el viejo dicho, la política es dinámica y cambiante.
Hasta el instante del anuncio del premio Nobel a María Corina Machado, en su futuro estaba el augurio de una plétora de éxitos y para el mundo ella representaba la esperanza. María Corina soñaba con la presidencia de la República yeso estaba a la vista de todos, pero pronto tomó caminos equivocados, erráticos.
Aunque ahora le vemos un rosario de variaciones que afloran despacito, ya nada es igual. Como dice la canción, sus dislates son asombrosos y propios de una recién iniciada en política y no de quien suponíamos con afilada garra política. La fulgurante figura a la que solo le faltaba el Nobel de la Paz, no se detiene en desconcertantes meteduras de pata.
Ahora aquel camino regado de pétalos que todos veíamos y aplaudíamos, se llena de confusión y desesperación, mientras el país con sus tragedias naturales y humanas quiere salir del chavismo-madurismo. Venezuela es un país desasistido de recursos económicos y de una clase política experimentada ,capaz de iluminar a quienes más lo necesitan, preparada para emprender la reconstrucción nacional.
Los pronósticos nacionales son lúgubres porque, aun cuando Nicolás Maduro y Cilia Flores están presos en Nueva York, cada día el chavismo sigue en el poder y Donald Trump, en quien muchos cifraban el ideal de libertad y democracia, demuestra su insaciable sed imperial: solo le interesa manejar a Venezuela como un protectorado que ha sido aplaudido tanto por María Corina Machado como por los crueles hermanos Rodríguez y Diosdado Cabello. ¡Extraña coincidencia!
Los venezolanos hemos descubierto tarde y mal que ni siquiera teníamos idea del significado de la libertad, de ese concepto que horadamos al elegir presidente de la República al golpista Hugo Chávez, a quien el inefable doctor Rafael Caldera se ufanaba de haber sobreseído. La verdad duele: muchos atolondrados votaron por Chávez porque lo consideraban un mesías, como tantos ahora siguen a María Corina sin saber por qué.
A pesar de todo lo anterior no podemos ser pesimistas. No. Con más fuerza que nunca estamos obligados a buscar salidas porque en algún lugar debe quedar gente honesta e inteligente para salir adelante. Lo único que no podemos perder es la sindéresis. ¡Adelante!
