Antonio de la Cruz: “La caída de ‘Niño’ Guerrero cambia el tablero de Venezuela”
La ejecución de Héctor Rusthenford Guerrero Flores, alias "Niño Guerrero", líder del Tren de Aragua, durante una operación militar desarrollada en el sureste del estado Bolívar con participación del Comando Sur y cooperación del gobierno interino encabezado por Delcy Rodríguez, representa mucho más que el desmantelamiento de una estructura criminal.
Para Antonio de la Cruz, presidente de Inter American Trends, el verdadero alcance del episodio radica en la señal política emitida desde Caracas al reconocer la existencia de una coordinación directa con Estados Unidos.

“No fue la muerte de Niño Guerrero. Fue la confirmación del nuevo tablero de poder en Venezuela”, afirmó De la Cruz, en la red social X, al analizar el comunicado oficial divulgado tras el operativo.
El analista de temas políticos y económicos considera que la admisión pública de intercambio de inteligencia, apoyo tecnológico y objetivos comunes en materia de seguridad constituye un punto de inflexión dentro del proceso venezolano. Por ello insiste en que lo verdaderamente trascendente es que Rodríguez reconozca públicamente una operación coordinada entre Venezuela y Estados Unidos.
Sin seguridad no hay inversión
La administración interina confirmó que la acción en Bolívar permitió desarticular estructuras criminales que operaban en la zona y que, durante los enfrentamientos, fue abatido el máximo líder del Tren de Aragua.
Sin embargo, De la Cruz insiste en que la lectura no debe limitarse al plano militar o policial. “Esa admisión constituye una señal política de mayor alcance que la neutralización del líder del Tren de Aragua”, señala.
El presidente de Inter American Trends contextualiza este cambio dentro de un país donde, durante años, amplias extensiones del territorio estuvieron bajo la influencia de organizaciones criminales, economías ilícitas y grupos armados que disputaron la capacidad del Estado para ejercer autoridad efectiva.
Desde esa perspectiva, la operación en Bolívar respondería a un objetivo estratégico más amplio.
La estabilización territorial aparece como el primer objetivo estratégico. Sin seguridad no hay inversión, sin control territorial no hay recuperación económica, y sin recuperación económica no existe una transición política sostenible”, afirma.
Confrontación ideológica en segundo plano
La tesis de De la Cruz apunta a que Venezuela entró en una fase donde la prioridad ya no es la confrontación ideológica con Washington, sino la recuperación progresiva de la gobernabilidad interna.
El analista también plantea que este escenario transforma la noción tradicional de soberanía defendida por el chavismo durante más de dos décadas.
La cooperación con Washington ya no es presentada como una amenaza a la independencia nacional, sino como un instrumento para fortalecer la capacidad del Estado de proteger a la población, controlar espacios estratégicos y enfrentar amenazas transnacionales”, expresa.
En opinión del experto, lo ocurrido en Bolívar evidencia la consolidación de nuevas dinámicas de poder dentro del país. “El comunicado difundido por el gobierno interino no anuncia el final de la partida. Anuncia que las piezas comenzaron a moverse bajo nuevas reglas”, concluye.
