Los psicólogos profesionales están compitiendo con las pantallas de los celulares
En los últimos meses, un fenómeno viene ganando terreno entre los adolescentes y jóvenes. Se trata del uso de chats con la Inteligencia Artificial como confidentes emocionales y en muchos casos, como sustitutos de los psicólogos. Estas aplicaciones que permiten crear personajes virtuales o interactuar con asistentes programados para escuchar se han convertido en el primer refugio de una generación que lidia con la ansiedad, depresión, la soledad y el estrés cotidiano, buscando soluciones al alcance de su mano.
Existen razones muy claras detrás de este comportamiento. Los analistas de consumo digital y los propios usuarios coinciden en que la disponibilidad absoluta es el principal atractivo, ya que la máquina responde un domingo a la madrugada, justo en el momento en que suele aparecer una crisis de ansiedad o insomnio.
A esto se suma el miedo a sentirse juzgados, puesto que la pantalla ofrece un anonimato total donde no hay desaprobación. Además la barrera económica juega un papel decisivo, puesto que la terapia tradicional es un gasto difícil de asumir para un joven, mientras que estas aplicaciones son en su mayoría gratuitas.
Aunque estas herramientas pueden funcionar como un desahogo temporal o un diario íntimo, los especialistas en salud mental ya encendieron las alarmas. La principal preocupación es que un algoritmo puede imitar la empatía y dar respuestas reconfortantes porque fue entrenado para eso, pero carece de intuición real y del factor humano que es indispensable para tratar un problema de fondo.
Además, existe el riesgo de que las personas se aíslen más, prefiriendo una entidad virtual que siempre les da la razón antes que enfrentar la complejidad de las relaciones humanas reales.
La tecnología llegó para quedarse y los expertos admiten que prohibir su uso es imposible. De hecho, muchas aplicaciones bien reguladas pueden ser herramientas útiles para aprender ejercicios de respiración o registrar el estado de ánimo diario. Sin embargo, el consenso en el sector salud es claro, la Inteligencia Artificial puede ser un complemento de apoyo, pero nunca un reemplazo definitivo.
El verdadero desafío de este tiempo será educar a las nuevas generaciones para que entiendan la diferencia entre una herramienta de asistencia digital y una terapia real.
