Médicos argentinos logran un avance clave contra el hantavirus usando un fármaco para la artritis
Un equipo de investigadores de Argentina logró revertir el cuadro crítico de pacientes con hantavirus mediante el uso experimental de tocilizumab, un medicamento diseñado para la artritis. El hallazgo, publicado este lunes en la prestigiosa revista científica The Lancet Infectious Diseases, abre una vía inédita en el mundo para tratar una enfermedad que hasta el momento no tiene cura y que deja sin signos vitales a casi la mitad de los infectados en terapia intensiva.
Cuando el virus, transmitido principalmente por los ratones, evoluciona hacia su fase más peligrosa, ataca de forma peligrosa los pulmones y el sistema cardiovascular, provocando el llamado síndrome cardiopulmonar. Hasta el día de hoy, la medicina no cuenta con ninguna vacuna ni tratamiento específico aprobado en el planeta, ante un caso grave, la única opción de los médicos es conectar al enfermo a un respirador, sostener su presión y esperar que su cuerpo resista.
Sin embargo, médicos del Hospital Zonal de Bariloche Ramón Carrillo, la Universidad Nacional de Río Negro, el Hospital General de Agudos Juan Fernández y la Universidad del Salvador en Buenos Aires, acaban de darle vuelta al tablero. Tras años de investigación, demostraron que frenar la respuesta descontrolada del propio cuerpo es la clave para salvar vidas, utilizando una estrategia que ya cobró relevancia internacionalmente debido a los recientes brotes registrados en la región patagónica.
La estrategia no nació al azar, durante años, los científicos intentaron atacar directamente al virus sin éxito. El giro en la investigación ocurrió cuando entendieron que lo que realmente destruye los pulmones de los pacientes no es el virus en sí, sino el sistema inmunológico de la persona. Al detectar la infección, las defensas reaccionan de una manera tan exagerada y caótica que terminan inundando los pulmones y provocando una inflamación masiva. Es el mismo mecanismo que se vio en los casos más críticos de covid.
Para apagar ese incendio interno, los profesionales argentinos pensaron en el tocilizumab. Este medicamento es un anticuerpo que se usa habitualmente para frenar la inflamación crónica en personas con artritis reumatoidea. Los médicos razonaron que, si el fármaco lograba bloquear la orden que el cuerpo da para inflamarse, los pulmones tendrían el tiempo necesario para deshincharse y recuperarse.
Al no existir alternativas terapéuticas, el equipo recurrió al protocolo de Uso de Emergencia de Intervenciones No Registradas de la Organización Mundial de la Salud. Este mecanismo legal y ético permite a los médicos aplicar tratamientos experimentales cuando la vida del paciente corre un peligro grande y no hay otra opción médica disponible en el mercado.
El estudio analizó a un grupo de trece pacientes que ingresaron con hantavirus al hospital de Bariloche entre 2024 y mediados de 2026. De ese total, diez desarrollaron la variante grave de la enfermedad y entraron en riesgo de muerte en la unidad de terapia intensiva.
Fue allí donde se dividieron los caminos. Por un lado, cinco de los pacientes críticos recibieron una dosis única de tocilizumab por vía venosa apenas ingresaron a la terapia. Los cinco pacientes graves no pudieron recibir el medicamento. En dos de esos casos, la enfermedad estaba tan avanzada al llegar al hospital que se encontraba en una fase irreversible, mientras que en los otros tres el fármaco no estaba disponible en la farmacia hospitalaria en ese momento preciso.
Los resultados finales plasmados en la revista científica fueron contundentes. Cuatro de los cinco pacientes que recibieron el fármaco experimental sobrevivieron, evolucionaron favorablemente y recibieron el alta.
Los registros médicos demostraron que a las 72 horas de recibir la dosis, sus niveles de oxígeno en sangre mejoraron notablemente y las plaquetas comenzaron a normalizarse. En contraste, los cinco pacientes que no recibieron el tratamiento fallecieron a las pocas horas debido a las complicaciones de la enfermedad.
A pesar del enorme impacto de la noticia, la comunidad científica internacional y los propios autores del estudio piden tomar los datos con cautela. El doctor Fernando Tortosa, uno de los médicos e investigadores que lideró el protocolo, remarcó que esto no debe catalogarse como una cura milagrosa ni implica que el medicamento deba empezar a administrarse de forma masiva en cualquier centro de salud a partir de mañana.
Al tratarse de un grupo de apenas diez pacientes críticos y al no ser un ensayo clínico controlado tradicional, donde se seleccionan los grupos al azar mediante computadoras para evitar factores como la edad, enfermedades previas o el día exacto de la infección en que llegaron al hospital pudieron haber influido en el resultado.
Aun así, el logro argentino marca un hito histórico. El protocolo sigue abierto y continuará sumando pacientes con el objetivo de reunir la estadística necesaria para cambiar los manuales médicos mundiales. Por primera vez en décadas, el hantavirus dejó de ser una condena casi segura en las salas de cuidados intensivos.
