Editorial: El caradurismo de justificar el desastre
El caradurismo y el cinismo son actitudes que, como evoca la frase del Papa, resultan ser polos que se semejan en su absoluto irrespeto al ciudadano. Ambas características se reconocen en el G4, el grupo de los antiguos cuatro grandes partidos políticos de Venezuela.
Ahora representantes de ese bloque que controló el poder en el interinato de 2019 defiende una gestión hecha en contra de la inteligencia de la gente, en lugar de priorizar la transparencia en la administración y la entrega de resultados. El propio Juan Guaidó sale en entrevista reciente a justificarse.
Gastaron cinco millones de dólares en contratos de bufetes; ante esto cabe preguntarse: ¿se licitó?, ¿en qué se benefició a la gente, que debería ser la meta de toda gestión pública? Decían buscar salvaguardar los intereses de la nación, algo que ya otros países estaban haciendo por su cuenta.
No es odio ni resentimiento el que tenemos los venezolanos contra el G4 y el chavismo-madurismo; es frustración ante el fracaso.
Se engañó a un pueblo cuando por tres años nos hicieron repetir una frase hasta convertirla en un ritornelo. Los ciudadanos estamos asumiendo una posición política tras concientizar que la corrupción es un cáncer.
Este mal ha causado la muerte de la calidad de vida que los venezolanos llegamos a tener antes de la tragedia de conocer el régimen de Chávez, el cual hoy se extiende hasta Maduro por el fracaso de una oposición que secuestra la vocería de los venezolanos enfrentados al sistema, pero que sí usufructuó los bienes y recursos manejados desde la Asamblea Nacional y el gobierno interino de Guaidó.
¿Para qué sirvió haber tenido dos tercios de una Asamblea Nacional? ¡Para un carajo; solo para negociar con el régimen!
Hoy estamos pagando las consecuencias de unos diputados que no vigilaron ni le hicieron seguimiento al manejo del presupuesto nacional; permitieron que se desviaran los recursos de la industria eléctrica, la educación y la salud, y no evitaron que el bolívar fuera pulverizado por las políticas financieras de Chávez, a quien, con un barril petrolero por encima de los 100 dólares, hasta le permitieron endeudar más a la nación. Los venezolanos no odiamos, estamos dolidos; por eso asumimos una posición política de aberración y rechazo hacia ese G4 y hacia unos “parientes pobres de minúsculos partidos convertidos en siglas” que, bajo una falsa unidad, se hicieron llamar “Plataforma Unitaria”.
Para muestra un botón: los “dueños” de esos partidos viven en Boynton Beach, Florida, Washington D. C., Miami, Madrid, Valencia de España y otras latitudes de la Tierra.
Ante esto, los venezolanos nos preguntamos: ¿cómo adquirieron sus bienes?, ¿cómo pagan su calidad de vida y, peor aún, cómo financian sus giras políticas?, ¿con qué dinero costearán sus próximas campañas para volver al ruedo electoral y pretender seguir viviendo del negocio de la política?, ¿a quién pretenden engañar con su caradurismo y cinismo cuando aún hoy acuden a entrevistas en los medios y publican mensajes en las redes?
Para refundar la República se necesita gente honesta y talentosa que ame la política y la reconozca como un instrumento para servir a la gente y a la nación; solo así se podrá levantar un modelo de democracia moderna y occidental que impida el regreso del populismo creador de mesías y caudillos, logrando terminar de sacar tanto a los herederos del chavismo-madurismo como a una oposición falsa y corrupta.
Indignada y dolida está nuestra gente. Sra. María Corina Machado, el 22 de octubre de 2023 usted recibió un mandato de más de dos millones de venezolanos que votaron por usted. No necesitó de esa gente a la que hoy, por decencia y don de gente, quiere justificar bajo una supuesta unidad al decir que “aquí todos hacemos falta”.
Pregúntele a la gente, estimada líder, y tómele el pulso a la opinión pública. Esos “bichos” de la política polarizada no hacen falta; al contrario, todavía hacen daño, pues ya andan por allí diciendo que cuentan con su apoyo para ser diputados, alcaldes y gobernadores.
«Dime con quién andas y te diré quién eres», dice el argot popular.
Ellos no hacen falta, pero sí hace falta ese ciudadano honesto, formado y preparado para un gobierno tecnopolítico donde regresen la meritocracia y el amor al servicio público.
Allí está el más del 70 % de los venezolanos; es en esa búsqueda donde usted debe enfocarse para incorporarlos en una gran alianza de unidad nacional.
Carlos Alaimo
Presidente-Editor
