Rixio Portillo resalta visión geopolítica de León XIV y su convicción: “Es un papa muy valiente”
Este viernes se cumple el primer aniversario de la elección del cardenal Robert Francis Prevost como Sumo Pontífice, pontificado que comenzó con un llamado universal a la paz, la unidad y la confianza en el amor de Dios.
Fue la tarde del 8 de mayo de 2025, a las 18.07 (hora de Roma), cuando la tradicional fumata blanca emergió de la chimenea de la Capilla Sixtina, anunciando al mundo que el cónclave había elegido al 267º Sucesor de Pedro. Minutos después, el cardenal protodiácono Dominique Mamberti pronunció desde el balcón central de la Basílica de San Pedro la fórmula del Habemus Papam, revelando el nombre del elegido: el cardenal Prevost, quien adoptó el nombre de León XIV, en referencia a León XIII, autor de la histórica encíclica social Rerum novarum.
Hoy, VERSIÓN FINAL, entrevista en exclusiva a Rixio Portillo, profesor en la Universidad de Monterrey, egresado de la Universidad del Zulia con estudios de postgrado en Gerencia, y doctor en Cultura de la Unidad por el Instituto Universitario Sophia, en Italia, y uno de los expertos más reconocidos en temas vaticanos, para analizar lo que lleva de periodo.
Portillo, quien fue Decano de la Facultad de Ciencias de la Comunicación Social de la Universidad Católica Cecilio Acosta, también destaca como escritor en diferentes medios de comunicación en Venezuela, Chile, Colombia, España e Italia.
-¿Cuál considera ha sido el principal legado del Papa León XIV durante este primer año de pontificado?
-Es muy prematuro para poder hablar de legado, pues normalmente la madurez del tiempo hace fecundar procesos que pueden ser reconocidos como legado. En León XIV estamos viviendo el inicio o la siembra de su paso por el pontificado, en condiciones muy diferentes a las del año 2013, tras la elección de Francisco. El papa León XIV recibe una Iglesia más calmada, y los presuntos votos del cónclave, unido a la rapidez del resultado, demuestran que hay mayor consenso del que cree la opinión pública sobre el futuro de la Iglesia. Creo que su empeño por hablar de unidad y ser un promotor de ello será parte del sello distintivo, y no porque haya división, sino porque la unidad desde la misión del Papa es comprendida en una dimensión diferente, de colegialidad, de relacionalidad, de servicio a las Iglesias particulares, unidas a Pedro, como vínculo de unidad. León XIV encarna esa vocación de pontífice (puente) de unidad, dentro y fuera de la Iglesia.
-¿Qué cambios o señales nuevas ha mostrado León XIV en comparación con Francisco?
-Los cambios siempre son relativos. León ha retomado ciertas prácticas, pero no pueden ser leídas en contra de su antecesor, sino todos los papas serían contrarios a quiénes le precedieron. El uso de algunos elementos en el hábito papal, por ejemplo, la muceta roja con el traje coral; el lugar de residencia en el Palacio Apostólico, pero no en el departamento habitual, sino en un pequeño ático reacondicionado; las visitas más constantes a Castel Gandolfo, que podrían ser una novedad, antes los papas solo iban en verano, ahora éste lo visita semanal. Son cambios de forma que van acorde a la personalidad del papa, y en cómo quiere vivir y asumir el peso de su servicio. Era hasta predecible que un norteamericano, matemático y religioso asumiera esas costumbres en esa lógica del orden y seguir la regla.
-¿Qué es lo que más le ha sorprendido en lo personal?
-Creo que poco se habla de eso, pero la sencillez y simplicidad de León XIV es admirable, en un mundo de líderes “populares”, “carismáticos”, o de filtros y apariencias en redes sociales. El Papa es un pastor, obispo, vestido de blanco. Cuando pude saludarlo en el Vaticano, me llamó la atención que es un hombre muy discreto en gestos y personalidad, que incluso más allá del protocolo de la Santa Sede, es accesible, cercano y afable. Reitero una idea que dije antes del Cónclave, no es posible esperar un papa rey, y León es un papa - obispo, alejado de cualquier pretensión de superioridad o imposición.
Y el segundo elemento, algo que reveló en un libro que recomendó, el hábito de la presencia de Dios, un papa que se quedó mirando el báculo cuando se lo entregaron, o el anillo en sus manos, cuando se lo impusieron, o que se emociona hasta las lágrimas en el balcón dando la bendición. El Papa está viviendo a profundidad el cómo ser papa, aprendiendo a través de la contemplación de cada momento y esto habla de su persona humilde, y del estupor frente a cosas que te superan.
-¿Cuáles han sido los principales desafíos que ha enfrentado el Papa en este aniversario de gestión?
-La agenda frenética del Jubileo del año pasado. El calendario estaba llena de compromisos y discursos y creo que pudimos ver un Papa joven en el esplendor de su fuerza física, en procesiones, cargando la cruz en todo el Vía Crucis el Viernes Santo, creo que el trote del pontificado asumido desde el inicio era un elemento clave para la elección.
A nivel de gobierno, si se podría decir, blindar las reformas con algunos nombramientos clave, sin embargo, este proceso es más a largo plazo, pues los cardenales van saliendo jubilados o se les vence el quinquenio y se va configurando su equipo. La Curia Romana actual es una herencia de Francisco. También allí, dos grandes temas seguirán en el panorama: Abuso de menores, prevención, gestión de las renuncias y decisiones sobre personas concretas; y el tema financiero, que sigue dando de qué hablar.
A nivel mundial, un mundo de guerra, cómo decía a papa Francisco, una tercera guerra mundial a pedazos, lo cual es la configuración y reacomodo de lo que muchos han llamado como un nuevo orden mundial. El papa León XIV está en el ojo del huracán geopolítico del reacomodo de las fuerzas.
-¿Cómo analiza el fuerte enfrentamiento del Papa con Trump por el tema de la guerra en el Medio Oriente?
-La vocación pacífica de la Iglesia es histórica, todo el siglo XX y el siglo XXI, los papas se han pronunciado a favor de la paz, incluso la denominada “guerra justa” tiene sus condiciones, que derivan del legítimo derecho a la defensa y la proporcionalidad de la fuerza, el mismo magisterio lo llama “mal menor”, pero no deja de llamarlo mal. León XIV es heredero de este legado, de esta vocación pacífica, y en ese tema no se ha salido de la línea. No creo que deban esperarse cambios. Lo novedoso es parte del contexto sociológico, el mundo tras la revolución industrial no fue el mismo, luego la revolución tecnológica, y la denominada tercera ola, ahora es un papa expuesto constantemente en los medios y las redes. Pienso que León ha asumido esto con serenidad pero con una presencia constante y respuestas concretas. El martes 7 de abril sale y no deja que le hagan preguntas, hace él mismo la declaración de inaceptable las amenazas de guerra, luego dice no tener miedo a los Estados Unidos, y recientemente pide que cuándo lo critiquen sea con la verdad. No es un contrapunteo, en términos criollos, sino una opción concreta en formas de comunicarse.
En término de metáfora, el papa está respondiendo a la narrativa y al discurso, el León ruge pero desde la mansedumbre de la tranquilidad y la serenidad, apelando a la verdad. Creo que refleja que es un papa muy valiente y no un tonto “buenista”, “pacifista”, sino un prágmatico convencido de la razón y los argumentos.
-León XIV dejó claro su desacuerdo con la bendición a parejas homosexuales: ¿Rompió con la línea de Francisco? ¿Cuál es su visión sobre sus recientes pronunciamientos sobre el tema?
-Francisco no aprobó la bendición de parejas del mismo sexo, sino la bendición a personas que podrían estar conviviendo, y la bendición es sobre la persona. Creo que en este punto hay que deslastrarse de un discurso moralino de pureza. La Iglesia es hospital para curar heridas, y en un mundo herido todos deberían tener acogida. En esa línea Bergoglio solo fue un continuador del Evangelio: “¿Quién esté libre de pecado que lance la primera piedra?”, y cuando San Pablo dijo: “Me hice todo con todos, para ganarlos a todos”. Esto no quiere decir que haya una mayor laxitud moral, sino una actitud diferente frente a la realidad y las condiciones particulares del otro. Creo que el bálsamo de la misericordia es para todos, y en ello Francisco y León coinciden, no se puede resumir la fe a lo moral, ni la misericordia al juicio. Y esto fue lo que dijo el papa Prevost.
-¿Qué lectura hace sobre las recientes giras de León XIV? ¿Qué le llamó la atención?
-La geopolítica de León XIV es muy interesante, es un papa - pontífice - puente, nacido en el Norte pero con una experiencia curtida del Sur Global, un ciudadano del mundo, y un ejemplo preciso de riqueza intercultural. Como superior de su Congregación visitó más de 150 países, pero que haya comenzado por África dice mucho, un continente pobre, pero rico en cultura y tradiciones, en el mantenimiento de la fe, pero un llamado constante a revisar esa inculturación del Evangelio. Un viaje a la periferia tras la huella de San Agustín.
El mismo papa ha querido que sea considerado el primero, pues el del Líbano era una cita agendada por Francisco. Sin embargo, el hilo conductor es la paz y la unidad, y creo que esa será la línea de sus viajes. Al menos es la palabra que más repite, más de 400 veces, dicen los conocidos del tema.
-¿Cómo evalúa la relación de León XIV con Venezuela?
-Muy interesante la pregunta, Venezuela está presente en la historia de Prevost; en el libro León XIV: Ciudadano del mundo, misionero del siglo XXI de Elise Ann Allen, aparece la crisis venezolana. Prevost era obispo de Chiclayo y durante los años 2017, 2018 y 2019 se dio la gran ola migratoria de venezolanos a Perú, en la que estaba la pequeña diócesis del obispo agustino. El libro cuenta que Prevost tenía todo un plan de acogida, la diócesis dispuso lugares y albergues, y como eran transitorios, gestionaba los permisos de residencia, incluso pagando de las mismas arcas de la diócesis (que era una diócesis pobrísima) los papeles a miles de venezolanos, o créditos para trabajo y vivienda. Prevost acompañó a la migración venezolana en su doloroso exilio, y creo que es muy valioso reconocerlo. Conoce el drama del país, sufrió codo a codo con los migrantes, y sus palabras como papa han sido claras: “Que se respete la voluntad del pueblo venezolano y se trabaje por la protección de los derechos humanos y civiles de todos”, dijo en el mes de enero. Muy pocos líderes mundiales hablan de respetar la voluntad del pueblo, que tiene un referente preciso, el 28 de julio de 2024. La solución de Venezuela, según el Vaticano, pasa por elecciones libres y democráticas.
-¿Qué decisiones o gestos simbólicos del Papa han tenido mayor impacto internacional?
-El impase con Estados Unidos, lastimosamente, ha reducido su papel a esas declaraciones, viéndolo solo como algo coyuntural. Ojalá que todos los líderes políticos escucharan a León, no solo cuando habla de la guerra, también cuándo habla de alimentar la violencia en nombre de la religión, o los enfermos de poder que solo quieren mantenerlo a la fuerza. Por mencionar un ejemplo, en su primer discurso a los embajadores acreditados ante la Santa Sede dijo: “la sed de poder y gloria mundana conduce a la destrucción”, y creo que somos varios los que podemos testificar cómo se destruye un país y generaciones enteras por la pretensión de mantenerse en el poder, una avidez mal sana, condenada hasta por el mismo Simón Bolívar.
-¿Qué expectativas existen dentro del Vaticano sobre el futuro de este pontificado?
-El Vaticano es una institución milenaria, los procesos siempre son lentos, los cambios son graduales, no hay improvisaciones, lo que dice el refrán: “los asuntos de palacio van despacio” y creo que lo primero es ajustarse a una nueva forma de hacer las cosas, a ver que los cambios serán necesarios y que la misión está trazada con el servicio a las iglesias particulares. Creo que la tarea es permanente, por ejemplo, una mayor universalidad, que se vean representadas en el gobierno central de la Iglesia todos, no eurocéntrico, ni solo italianos, y reconocer que en cada realidad eclesial está la semilla del Evangelio. Que el papa haya convocado a los cardenales a tratar la primera exhortación de Francisco, como línea guía de futuro, ya dice mucho.
-A un año de su elección, ¿qué imagen cree que está construyendo León XIV en la historia reciente de la Iglesia Católica?
-Una iglesia más simple, sencilla, dispuesta a servir, a acompañar, a no juzgar, sino a ser testigo de la esperanza en un mundo de desesperanzas, y de misericordia, en sociedades que viven asfixiadas por los discursos de odio y polarización. León XIV emerge como un líder moral, auténtico, sencillo, sin pretensiones de imponer nada, sino anunciar la paz desarmada y desarmante. Estos adjetivos son sin duda alguna la novedad del pontificado, el fruto de la resurrección de Jesús, que es la paz, como camino para rechazar la violencia.
