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¿Quién es el veterano opositor elegido por Delcy como nuevo embajador de Venezuela en España?

Cuando Hugo Chávez llegó al poder en 1999, este opositor acababa de ser elegido senador. Tres años después se convirtió en uno de los rostros más visibles de la Coordinadora Democrática y tomó asiento en la Mesa de Negociación y Acuerdos auspiciada por la OEA, la primera gran instancia de diálogo entre chavismo y oposición. Ambas experiencias fracasaron: la Mesa no consiguió descomprimir un país instalado en el conflicto permanente, y la Coordinadora se desmoronó tras la derrota opositora en el referéndum revocatorio de 2004

Timoteo Zambrano (Caracas, 1955) se mueve en los pliegues de una política que muchos consideran extinta: la del pacto discreto y el pragmatismo de largo aliento.

Formado en Acción Democrática (AD), exvicepresidente de la Internacional Socialista, su trayectoria es un mapa de mutaciones estratégicas: de la secretaría general de este partido socialdemócrata y su paso por Un Nuevo Tiempo hasta la fundación de su propio partido, Cambiemos.

En los últimos años ha sido el principal artífice de la Alianza Democrática y de la llamada “mesa democrática”, una instancia de negociación paralela a la oposición tradicional —despectivamente denominada “la mesita” por los sectores más radicales— que ha gestionado la liberación de presos políticos y mantenido canales directos con el chavismo, funcionando como contrapeso silencioso a la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), reporta la periodista Celina Carquez, a través de elDiario.es

Cuando Hugo Chávez llegó al poder en 1999, Zambrano acababa de ser elegido senador. Tres años después se convirtió en uno de los rostros más visibles de la Coordinadora Democrática y tomó asiento en la Mesa de Negociación y Acuerdos auspiciada por la OEA, la primera gran instancia de diálogo entre chavismo y oposición. Ambas experiencias fracasaron: la Mesa no consiguió descomprimir un país instalado en el conflicto permanente, y la Coordinadora se desmoronó tras la derrota opositora en el referéndum revocatorio de 2004.

Al año siguiente rompió con AD y se sumó a Un Nuevo Tiempo, partido socialdemócrata fundado por Manuel Rosales. Diputado al Parlamento Latinoamericano tras las elecciones de 2010, fue también uno de los fundadores y portavoces de la MUD, el segundo gran intento unitario de la oposición.

La muerte de Chávez, el agravamiento de la crisis económica y la victoria opositora en las parlamentarias de 2015 abrieron una nueva etapa de tensiones. Los partidos de la MUD, ya mayoritarios en la Asamblea Nacional, endurecieron su estrategia: presión constitucional, llamados a la intervención internacional y promoción de sanciones que terminarían contrayendo el PIB venezolano cerca de un 75 %. El chavismo respondió en 2017 con la anulación de facto del Parlamento por parte del Tribunal Supremo, lo que derivó en meses de protestas, represión y la convocatoria de una Asamblea Nacional Constituyente chavista. Un año después, la MUD denunció fraude en las presidenciales de 2018 y el bloque terminó disolviéndose.

Zambrano se opuso abiertamente a esa escalada. Defendió el diálogo con el chavismo como única vía realista y pagó un alto costo político: su relación con gran parte de la oposición se rompió de forma profunda y sus posiciones se volvieron desde entonces permanentemente controvertidas.

Sus raíces como operador político tras bastidores son antiguas. Un alto funcionario chavista lo describió como “una persona cabal y contemporizadora”, moldeada desde joven por Carlos Andrés Pérez para la diplomacia informal: “Aquellas misiones que no podían atenderse desde la cancillería oficial, sino mediante trabajo silencioso en el continente, el Caribe y los foros de la Internacional Socialista”.

Su figura genera ambivalencia. Es conocido por su estrecha amistad con el expresidente español José Luis Rodríguez Zapatero. Ricardo Ríos, de Avanzada Progresista, reconoce su habilidad para construir acuerdos, pero advierte que “es bueno fabricando acuerdos, pero también desacuerdos”. Iris de Franca, exmilitante de su partido, critica su estilo patriarcal y cerrado, así como sus limitadas habilidades comunicacionales para el momento actual del país, aunque reconoce que su propio ascenso político estuvo impulsado por Zambrano y mantiene “un profundo respeto” por él. Quienes lo han tratado coinciden en señalar su terquedad como uno de sus rasgos más marcados.

En lo personal, arrastra el estigma de una denuncia de maltrato por parte de una exesposa, que sus allegados reducen a una disputa patrimonial. En lo político, rechaza los espejismos: sostiene que el cambio no es un atajo, sino una construcción cotidiana, y que la democracia solo será posible cuando las luchas políticas dejen de ser existenciales para convertirse en funcionales.

Su designación como embajador en España no ha estado exenta de críticas. Chuo Torrealba advierte que se trata de “una situación peligrosa”: el gobierno proyecta una imagen de apertura colocando a figuras opositoras en cargos cuya función es representarlo. “Para ellos es ganar-ganar”, resume, aunque descarta que la distancia física limite la capacidad de Zambrano para seguir gestionando casos de presos políticos, gracias a sus amplios contactos internacionales.

Las críticas más duras llegaron el 2 de mayo desde Miami. Juan Pablo Guanipa, cercano a María Corina Machado, acusó a Zambrano y a Enrique Ochoa Antich de “medrar alrededor del poder para obtener prebendas” mientras se presentan como opositores. “Son peores, porque son solapados”, sentenció.

En el otro extremo, Iris de Franca ve en el nombramiento una “oportunidad histórica”: Venezuela necesita reconectar con el mundo, y la experiencia de Zambrano como operador internacional es, según ella, lo que el momento demanda.

Entre quienes lo conocen, prevalece una certeza: Timoteo Zambrano seguirá siendo lo que ha sido durante décadas: un hombre de acuerdos, con todo lo que eso conlleva de virtud y de riesgo.

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