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Martha Grajales, exfuncionaria del chavismo: “Es un gobierno cada vez más autoritario”

Con más de 20 años viviendo en Venezuela, la defensora de derechos humanos también reflexionó sobre el proceso político venezolano: “Después de la muerte de Hugo Chávez, ese proceso —la revolución— empieza a desmontarse”. La activista se acogió a la recién aprobada Ley de Amnistía y asegura que, pese a todo, seguirá trabajando en el país

Martha Grajales forcejeó con las funcionarias policiales, le dio una patada a la puerta del vehículo y resistió el arresto. A pesar de su contextura delgada, tres mujeres policías no lograron reducirla; fue necesaria la intervención de una cuarta agente para finalmente introducirla en el carro patrulla.

Los hechos ocurrieron el 8 de agosto de 2025. Grajales, fundadora del colectivo de izquierda Surgentes y reconocida defensora de derechos humanos, había estado acompañando durante meses a las madres de más de 150 adolescentes detenidos tras las controvertidas elecciones presidenciales del 28 de julio de 2024.

Según su relato, ese día vio “la respuesta del Estado venezolano” a sus años de denuncias y activismo.

Grajales permaneció detenida hasta el 12 de agosto de 2025. Tras su liberación, y a pesar de las constantes amenazas e intimidaciones que dice recibir, la colombiana nacionalizada venezolana decidió continuar su trabajo en Venezuela.

Los riesgos en Colombia son muchísimo más altos para un defensor de derechos humanos”, explicó en su primera entrevista con los medios desde su detención.

Con más de 20 años viviendo en el país, Grajales también reflexionó sobre el proceso político venezolano: “Después de la muerte de Hugo Chávez, ese proceso —la revolución— empieza a desmontarse”.

La activista se acogió a la recién aprobada Ley de Amnistía y asegura que, pese a todo, seguirá trabajando en Venezuela.

Aquí una entrevista publicada por el diario El Tiempo, de Bogotá, con Martha Grajales.

- Usted menciona que al llegar de Colombia se enamoró de lo que estaba pasando en Venezuela. ¿Qué fue lo que la cautivó de ese proyecto político (chavismo) en sus inicios?

- Me enamoré de este país, del proyecto político. Me parecía que la agenda social estaba en el centro, en los sectores históricamente excluidos. Eso me parecía profundamente valioso.

- Usted tuvo un rol técnico muy importante en la formación de la nueva policía. ¿Cómo fue esa experiencia en la Universidad Nacional de la Seguridad (Unes)?

- Fui coordinadora del módulo de derechos humanos de la Unes y diseñé el plan de formación de la Policía Nacional Bolivariana (PNB). Los profesores de esa primera etapa eran todos activistas de derechos humanos. Eso fue en los años 2009, 2010 y 2011. Había hasta un mural con una carta de una madre cuyo hijo fue asesinado por la policía en el 92.

- ¿En qué momento siente que ese espíritu de respeto a los derechos humanos dentro del Estado comienza a resquebrajarse?

- Cuando se muere Chávez, ese proceso empieza a desmontarse, es la verdad. Yo dejo la UNES y me fui para la Comisión Presidencial para el Control de Armas y Desarme. El proyecto era entender por qué en Venezuela había una tasa de homicidios tan alta si se había disminuido la pobreza.

- Esa política de desarme era ambiciosa. ¿Se planteó seriamente desarmar a los grupos civiles armados o “colectivos”?

- La política incluía que las armas que estaban en grupos colectivos también se recogieran. Eso, por supuesto, no ocurrió. No ocurrió por decisiones superiores.

- ¿Quiénes se oponían?

- Siempre fue una disputa interna. Chávez permitió que esa comisión existiera, pero dentro del gobierno nunca fue una política apoyada por todos los sectores. Había gente que reivindicaba la necesidad del “pueblo en armas” para defender la revolución.

- Tras salir de los cargos públicos, usted decide trabajar directamente en las comunidades. ¿Por qué eligen San Agustín del Sur en Caracas?

- Porque San Agustín tiene una tradición cultural y organizativa muy interesante, pero para ese momento (2013) era una de las parroquias con las tasas de homicidio más altas. Nos interesaba investigar la relación entre organización popular y violencia. Allí ayudamos a conformar una cooperativa de mujeres. Conectábamos con productores del campo para traer comida barata en los años más duros de la crisis entre 2016 y 2017.

- Sin embargo, en 2018 ocurre un evento que quiebra definitivamente su relación con el proceso político. ¿Qué pasó?

- El 17 de septiembre de 2018, al hijo de una compañera lo asesinó el Faes (Fuerzas de Acciones Especiales de Venezuela). Llegaron a las 5:00 de la mañana, sacaron a la familia en pijama. Ella les rogó que no lo mataran. Lo ajusticiaron. Eran chamos que no tenían opciones en el barrio y terminaban involucrados en bandas ‘pendejas’, no en crimen organizado. Después de eso, contamos 18 ejecuciones en solo seis meses en San Agustín. Nosotros veníamos de creer en este proceso, veníamos de haber formado la policía y estaban matando a los muchachos en nuestra cara.

- ¿Cuál fue la respuesta del gobierno cuando ustedes, como gente del propio chavismo, denunciaron estas ejecuciones ante sus antiguos compañeros?

- Planteamos la discusión y nos dijeron: “Este no es el momento, esas bandas amenazan la gobernabilidad y son aliadas de paramilitares”. Nosotros dijimos: “Ok, lo vamos a denunciar nosotros”. Sacamos en 2019 el informe Violencia Policial: Clasista y Racista. Sacamos además una campaña que se llamó “No más ejecuciones en el barrio, no en el nombre de Chávez”. Eso fue suficiente para que dijeran que éramos agentes infiltrados de la CIA o de los paramilitares. Lo que descubrimos fue una masacre sistemática contra los muchachos pobres.

- Usted ha mencionado casos desgarradores… ¿Se puede hablar de una limpieza social?

- Así es. Una práctica sistemática contra los muchachos pobres menores de 25 años. Como el caso de Heidi, en el kilómetro cero de la Panamericana: el Faes mató a su hijo de 13 años y a su sobrino de 17 con discapacidad mientras hacían un pesebre. Logramos una condena de 30 años para el responsable, pero fue una lucha de años.

- Las madres de los adolescentes presos luego de las presidenciales de 2024 fueron las primeras en salir a protestar. ¿Qué ocurrió durante la manifestación en el Ministerio Público que desencadenó las amenazas en su contra?

- Hicimos una vigilia en agosto de 2025. El fiscal recibió a las madres y dijo que él ya había pedido las revisiones, que la responsabilidad era del Poder Judicial. Convocamos a una actividad el 5 de agosto frente al Tribunal Supremo de Justicia; ahí me amenazaron directamente. Un tipo se me acercó y me dijo: “Yo te conozco de San Agustín, deja de estarte metiendo en ‘peos’ o te va a ir muy mal”. Ese día nos robaron las pertenencias.

- ¿Usted presentía que su detención era inminente? ¿Cómo fueron esos días previos y el momento en que finalmente la capturan?

-Yo sabía que me iban a detener. El jueves tuve patrullas frente a mi casa. El viernes 8 de agosto, saliendo de un acto en solidaridad con las madres frente a Naciones Unidas (en Caracas), se me acercaron unas policías vestidas de civil. Me pidieron la cédula y, aunque traté de decir que me la habían robado en el Tribunal, ya sabían perfectamente quién era yo.

Ya en el carro, la funcionaria de más rango me dice que me quede tranquila y le pido que me diga por qué me detiene. No responde, y le digo que no tienen orden judicial y que yo no estaba cometiendo ningún delito. Antes de subirme al carro, me resistí a la detención, forcejeé, le di una patada al carro, hasta que entre cuatro me metieron. Perdí hasta una sandalia".

-¿Cómo fue el proceso de su detención y esa primera audiencia donde finalmente le imputaron los cargos?

- Fue un proceso contradictorio y, en muchos sentidos, una “mamarrachada” jurídica. Los primeros días en la sede policial tuve un trato inusualmente digno: me daban buena comida y artículos de aseo, algo que me daba hasta vergüenza admitir sabiendo cómo tratan al resto de los presos. Sin embargo, lo que vino después fue pura arbitrariedad. Me presentaron en una audiencia telemática a través del celular de una funcionaria y allí me enteré de que me imputaban diez delitos, entre ellos conspiración con gobiernos extranjeros, asociación para delinquir e instigación al odio.

Lo más descarado fue la evidencia. El teléfono que los colectivos me habían robado tres días antes en el Tribunal Supremo de Justicia apareció en el expediente como prueba del Estado, lo que demostraba la complicidad entre los grupos parapoliciales y la brigada que me detuvo. A pesar de que demostré que yo misma había denunciado el robo del equipo días atrás y que estaba incomunicada, el juez de terrorismo ignoró todo y dictó privativa de libertad. Pasé de ese 'buen trato' inicial al traslado nocturno al Inof (cárcel de mujeres). Una vez allí pude llamar a mi esposo".

- ¿Qué explica la respuesta represiva del Gobierno tras las elecciones de 2024 y cómo reaccionó su organización, Surgentes, ante las detenciones y denuncias que empezaron a surgir?

- Estaban débiles. Así que usaron el terror y ocurrieron estas detenciones, muchas de ellas con prácticas de tortura. Nos empiezan a llegar los casos, pero la gente con muchísimo miedo de denunciar, hasta que las madres de los adolescentes fueron las primeras. Creo que esas mujeres escribieron un episodio muy importante en este país mientras todo el mundo tenía demasiado miedo. Recuerda que todos, antes de salir de casa, borraban lo que había en su celular; aun así, esas mujeres fueron las primeras que decidieron organizarse y retomar la calle, en septiembre de 2024.

- Tras su detención, el aparato de propaganda del Estado lanzó una campaña muy específica contra usted. ¿En qué consistió esa llamada ‘Operación Grajales’?

- Fue una ofensiva muy bien orquestada. Utilizaron inteligencia artificial para desfigurar mi rostro en videos donde me acusaban de ser una operadora de María Corina Machado y de haber recibido 250.000 dólares para dividir al chavismo desde las bases. Incluso después de mi liberación, sentí que el asedio no terminaba.

- ¿Llegó a colaborar con María Corina Machado?

- Nos desmarcamos de María Corina, de la derecha más ortodoxa y de toda la derecha.

- Tras los eventos de 2024 y la reciente crisis política, ¿cómo analiza la situación actual en Venezuela?

- Es una situación profundamente dolorosa y paradójica. Por un lado, siento una tristeza inmensa al ver cómo se ha consolidado un proceso de tutelaje sobre el país. En 2024 nos robaron la soberanía popular y ahora siento que estamos perdiendo la soberanía nacional bajo una agresión que, en el fondo, solo busca el control de nuestros recursos energéticos. Pero lo más paradójico es que, en medio de este escenario tan oscuro y arbitrario, se ha abierto una pequeña rendija democrática. Esa brecha es la que ha permitido que muchas familias, que antes estaban paralizadas por el miedo, hoy tengan la fuerza para salir a denunciar la represión. Gracias a esa fisura, hoy tenemos una claridad estremecedora sobre la verdadera magnitud de la violencia de Estado en este país.

- Si dentro del chavismo se reivindicaba la idea del “pueblo en armas”, ¿cómo explica que el 3 de enero esos grupos no hayan actuado para defender al país frente a EE. UU.?

- No es verdad, como se demostró después del 3 de enero, que si había una intervención extranjera el pueblo en armas era parte de una defensa efectiva. Más bien, esos grupos terminaron convirtiéndose en un dispositivo que oprime al pueblo.

- ¿Cómo explica que todavía existan sectores de la izquierda internacional y local que defienden al gobierno venezolano, a pesar de las denuncias que ustedes han documentado?

- Es una de las grandes interrogantes en este momento. Muchos sectores se aferran a una postura antiimperialista para seguir defendiendo a Venezuela como un símbolo, aunque ya no quede ningún vestigio de un proyecto político de izquierda. Se quedan con el discurso externo para ignorar que aquí se aplican políticas profundamente autoritarias. Yo me pregunto: ahora que se ha liquidado cualquier esencia social del proyecto, ¿cuál será el argumento que les queda? Creo que ese apoyo ha disminuido, pero aún persiste una venda ideológica que les impide ver que defender al poder no es lo mismo que defender a la gente. Para nosotros, ser de izquierda hoy significa ser consecuentes con las víctimas y no con quienes oprimen en nombre de una ideología que ya no practican.

- Vivió muchos años en el Caquetá, hace más de 20 años vive en Venezuela, pero con esto que te sucedió, ¿por qué no vuelve a Colombia?

- Siendo defensora de derechos humanos, los riesgos en Colombia son muchísimo más altos; aquí esos riesgos me parecían unos riesgos que puedo manejar. Fui defensora de derechos humanos en un lugar de guerra, lo viví. En Colombia, las cosas que yo hago en Venezuela pueden significar la vida.

- Pero en Venezuela eso también puede pasar…

- La política en Colombia es una política que me da más miedo, lo viví, vi gente morir.

- En ese desencanto del chavismo, ¿cómo lo califica hoy?

- Consideramos que es un gobierno cada vez más autoritario, neoliberal. Porque, con el discurso de izquierda, lo que ha hecho es implementar políticas profundamente neoliberales.

- ¿Alguna vez se inscribió en el Partido Socialista Unido de Venezuela?

- No. Me identifico como una mujer de izquierda. Sí milito en el Pacto Histórico en Colombia. No es una inscripción formal, pero sí me declaro parte de la militancia.

- Viendo este panorama y la relación histórica, ¿hacia dónde cree que va Colombia?

- Espero que gane Iván Cepeda. Viene del movimiento de derechos humanos. Conozco su trabajo y, además, fue también en un momento de represión muy duro en Colombia. Creo que él es un demócrata.

- ¿Pero podemos diferenciar a Cepeda de Petro?

- Creo que el hecho de que Iván Cepeda lidere las encuestas da una mayoritaria valoración positiva del gobierno de Petro.

- ¿Cuál sería el escenario si ganara Paloma Valencia?

- Ellos representan lo que ha sido históricamente quienes han detentado el poder en Colombia. Son los intereses económicos y políticos hegemónicos de ese país. En la sociedad colombiana hay muchísimo clasismo. Entonces, esos poderes políticos responden a los intereses económicos y políticos de esas clases.

- Volviendo al tema de Venezuela, en el que Colombia intentó tener una participación tras las elecciones del 28 de julio, ¿cómo evalúa los intentos que hizo Petro por influir en el tema de Venezuela?

- Yo creo que hay un elemento importante que tiene que ver con la presencia e influencia del Eln en Venezuela. El posicionamiento de Petro también incidía en un momento específico en el que Petro le estaba apostando, y en donde Venezuela era un actor muy clave como facilitador de los diálogos con el ELN. Yo creo que con eso se presionaba al gobierno de Colombia.

- ¿Un chantaje de parte de Venezuela?

- Como una tensión; no era solamente la relación binacional sino el efecto que podía tener también en un proceso de paz al que yo siento que Petro le apostó, pero no funcionó, y que era además una de las banderas de su llegada al poder. Me parece que Petro tuvo una posición digna al denunciar finalmente el fraude que ocurrió en Venezuela.

- Cómo ve el futuro de Venezuela ahora tutelado por EE. UU.?

- Si no se concreta esa expectativa positiva, va a subir la conformidad, también el regreso de la represión; ellos están contenidos (el chavismo). Tenemos que renacionalizar el conflicto, pasar por unas elecciones, institucionalizar al país y que los venezolanos definamos lo que pase en nuestro país.

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