¿Acaso somos idiotas los venezolanos?
En la antigua democracia ateniense, los ciudadanos cultos y formados se ocupaban de la política. Eran los que cultivaban el espíritu de las libertades del hombre. A los ciudadanos que se desentendían de ella les llamaban “idiotas”. Él Ágora era el epicentro de las mentes lúcidas que formaban a la ciudadanía, allí las ideas eran lo que aportaba incalculable valor. Ensalzar personajes o afianzarse en figuras no era importante para avanzar.
El país entró en un proceso inédito, como inédito fue su ciclo de destrucción. Y en esta dinámica de tensiones políticas, económicas y sociales, donde parece estar construyéndose un camino a la transición, hay una urgencia que pasa inadvertida: la necesaria formación política, el retorno al debate de argumentos, en los pasillos universitarios, en la comunidad, en la escuela, y claro, en cualquier partido político que quiera realmente fortalecer la democracia a la que, se supone, estaríamos caminando ya.
La discusión política como un espacio de construcción y defensa de las libertades prácticamente se anuló en las últimas décadas en una sociedad que salió a sobrevivir, perseguida por el hambre, la violencia y amenazada por el régimen, y cuando había momentos para discutir, se instalaba la polarización y la descalificación entre amigos, familiares y vecinos con ideas contrarias, hasta llegar incluso a la agresión.
Y eso no fue más que la perversa doctrina lejana de la verdadera política que legó el modelo instalado en Miraflores.
La cuestión ahora es ¿está dispuesta la sociedad a regresar al espacio de su propia formación política? o prefiere mantenerse como sujeto pasivo.
Los partidos que fundaron la democracia en Venezuela entendieron la necesidad de la formación política como el método para instruir en pensamiento y práctica a nuevas generaciones de ciudadanos con vocación de servicio, con argumentos sólidos y estudio para comprender las ideas que moldeaban al mundo de las libertades.
A menudo malinterpretada o deformada al señalarla de estrategias meramente electorales.
Los partidos COPEI, AD, URD y el resto de toldas antes de la dictadura, durante y con la llegada de la democracia, se aferraban en la construcción de un ideario político contundente, esa motivación se trasladaría a los sindicatos, las universidades e incluso llegaría latir en los bachilleratos de Venezuela, desde donde comenzaban a militar las juventudes de partidos.
Aquella cultura educadora abocada a entender los sistemas políticos del mundo, las ideologías, las estructuras de Gobierno, los espíritus de las leyes y las ideas para la construcción del país fundieron figuras que más tarde llegarían a la Presidencia de la República, a los ministerios, a la diplomacia. También hubo, claro está, cosechas perdidas en el camino, como en toda sociedad.
Pero la iniciativa de templar mentes agudas en lo político era parte de esa Venezuela que ocupó sitiales de desarrollo económico y político en el hemisferio y el mundo.
Desde esta Redacción queremos preguntar a aquellos partidos, organizaciones e independientes ¿qué están haciendo por la formación política de sus cuadros?
Cómo medio de comunicación insertos en una sociedad que aspira a la libertad y el rescate pleno de la democracia, tenemos el derecho de repreguntar sobre la preparación de todo aquel que aspire a ocupar cargos públicos o de elección popular, y la responsabilidad de su formación recae también en aquel partido que le apoya.
Venezuela no aguanta más improvisados ni trepadores de partidos. La democracia, el sistema que hemos decidido restaurar, requiere de formación y altura política.
Debemos señalar con fuerza que un ciudadano formado en política, con cultura y vocación democrática no profesa culto a la personalidad, sino a las ideas y sabe valorar tanto las políticas como a los políticos.
Y tú estimado lector, ¿en qué posición te encuentras?
¿Acaso no llegó la hora definitiva en la que se debe dejar de ser idiotas?
Carlos Alaimo
Presidente - Editor
