Presos políticos extranjeros desnudan crueldad de sus carceleros en Venezuela: “Pensé que me fusilarían”
Cada vez se hace más frecuente ver en medios digitales testimonios de presos políticos extranjeros que fueron secuestrados por funcionarios militares y policiales en Venezuela, en el marco de la hostilidad política que reina desde tiempos de Nicolás Maduro y con Diosdado Cabello, ministro de Interior y Justicia, como principal ejecutor.
Uno de los testimonios más recientes lo ofreció Yevhenii Petrovich Trush, un joven estudiante de química, con asperger, que escapó de la guerra en Ucrania buscando un futuro mejor en Venezuela, junto con su pareja, y ofreció su testimonio a DirectvNews, tras 15 meses incomunicado luego de acercarse a la oficina de migración en el Puente Simón Bolívar, en la frontera del Táchira para solicitar asilo, el pasado 20 de octubre de 2024.
Allí lo despojaron de su pasaporte y lo trasladaron con agentes de la policía hasta la oficina de migración del Puente Internacional Atanasio Girardot, donde agentes de la Dirección General de Contrainteligencia Militar (DGCIM) le quitaron su celular y su powerbank, según reconstruye un documento de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).
Luego, los funcionarios lo separaron de su novia y su suegra. También le quitaron sus valijas, documentos y objetos personales, lo subieron encapuchado a un auto negro y se lo llevaron sin dar explicaciones ni información de adónde iba. A pesar de todos sus esfuerzos, la suegra y la novia de no pudieron obtener información del paradero de Yevhenii.
El joven ucraniano detalló episodios duros en su cautiverio. “Vi como golpeaban a otros presos y torturan a la gente; vi cómo los arrastran por el piso y le echaban pimienta en los ojos”, recuerda Petrovich Trush, quien precisa que a un joven lo golpearon tanto en uno de sus ojos que perdió la visión.
A otros los entubaron por no querer comer o por su comportamiento desafiante o los dejaban esposados en el suelo. Muchas veces llegaban en grupos de encapuchados, todos de negro y nos amenazaban con tirotearnos o darnos golpes. ‘Si se ponen a inventar qué creen les pasará. Nosotros somos como 600”, parafraseó.
La detención arbitraria de extranjeros -así como de opositores o críticos en general- se había transformado en una práctica habitual del gobierno de Nicolás Maduro. Un informe de la organización de Foro Penal calculaba que al 5 de enero (dos días después de la captura del exlíder venezolano y su mujer, Cilia Flores) había 806 presos políticos en Venezuela, incluyendo a 86 extranjeros. Hoy la cifra se redujo.
Además de la incertidumbre, la falta de información y de comunicación que enfrentan los presos políticos en Venezuela, Yevhenii que padece asperger, uno de los trastornos del espectro autista, Trastorno de Atención e Hiperactividad (TDAH) y sufre enfermedades estomacales crónicas, lo sometió a un escenario de mayor riesgo.

Como si fuera Guantánamo
En El Helicoide, el argentino Gustavo Gabriel Rivara, liberado el pasado 2 de febrero tras permanecer un año detenido en Venezuela, se sintió en un abismo. “No tenía ningún derecho y eso me lo hacían saber. Ellos me decían que hiciera de cuenta que estaba en Guantánamo. Yo era el único extranjero que había en El Helicoide”, explicó Rivara en una entrevista con Radio Rivadavia desde Ibagué, en Colombia.
Rivara detalla que la sede del Servicio Bolivariano de Inteligencia (Sebin), en Caracas, está bajo tierra. “Se encuentra con luz artificial, sucio porque por encima de ti pasan vehículos. Yo tengo problemas en mis ojos por la suciedad. No te permiten dormir correctamente porque pasan lista, te despiertan muy temprano, estábamos todo el tiempo alertas. Éramos filmados todo el tiempo, teníamos cámaras en los baños”.
Según su testimonio, durante las primeras tres semanas después de su captura estuvo en un centro de investigaciones, donde fue interrogado. “Estuve atado a la cintura con un arnés y con esposas. No te las permiten sacar en todo el día, duermes con las esposas”, aseguró y contó que permaneció un año sin hacer una llamada, incomunicado.
El argentino, de 52 años, fue detenido el 18 de enero de 2025 en la ciudad de Barinas cuando intentaba regresar a Colombia, por haber ingresado “de manera irregular” a Venezuela.

“Sí, temía que pudiera acabar mal. Tenía miedo de que nos mataran. Porque ellos eran los terroristas, no nosotros los que estábamos ahí. Tenía miedo de no volver a ver a mis hijos”, dijo Mario Burló, el empresario italiano liberado el lunes en Venezuela tras más de 15 meses de detención, quien rompió el silencio este martes al llegar a Roma. Allí, en el aeropuerto de Ciampino, fue recibido por su familia y por las principales autoridades del gobierno italiano.
“Me decían te quitaré la vida…”
“Aquí me creían muerto. Cuando alguien viola el derecho a la defensa, el derecho a la palabra, eso es tortura. Fue un verdadero secuestro”, declaró Mario Burló, empresario turinés ante la prensa. “Me decían ‘Te quitaré la vida, te la quitaré’”, afirmó, al relatar las amenazas sufridas durante su detención en la cárcel de El Rodeo, donde continúa preso el argentino Nahuel Gallo.
Burló aclaró que no fue víctima de maltratos físicos, pero denunció un régimen de aislamiento extremo. “No puedo decir que sufrí maltrato físico, no. Pero no poder hablar con mis hijos ni con mi abogado, estar sin derecho a defensa, completamente aislado”, explicó. Sobre las condiciones de detención, describió escenas de precariedad: “Nos dieron un colchón diminuto. Y como teníamos miedo de caernos desde arriba, nos hicieron dormir en el suelo con cucarachas. Lo llamo el peor Alcatraz”.
A mediados de enero, tras su liberación gracias a las presiones del gobierno italiano, el empresario señaló que lo más difícil de soportar fue la incomunicación con su familia. “No poder hablar con mis hijos. No poder decir: ‘Papá está bien, papá no está muerto, papá está aquí’”, relató conmovido. “Esta vez también lo logramos, pero fue muy duro”, subrayó, tras reencontrarse con sus hijos, Gianna y Corrado.

