Rodrigo Rivera Morales / Salarios, pensiones y paz social
Es llamativo para el país la apertura a la inversión extranjera y nacional en el área petrolera, a su vez, las posibilidades de invertir en otros sectores como electricidad, comunicaciones, turismo. Lo inmediato es la producción petrolera, que no dudamos producirá de inmediato recursos al país. Por la experiencia que hemos vivido en estos años de gobierno de las mismas que siguen allí, porque los únicos que han salido son Maduro y Cilia, es que ha campeado la corrupción, el despilfarro, la improvisación y una absoluta oscuridad en el manejo d ellos recursos. Los ingresos por vía petrolera fueron gigantescos, con ellos bien administrados invertidos racionalmente nos tuviese en la cúspide de los países.
La realidad ha sido que destruyeron a PDVSA considerada una gigante en el mundo, acabaron con el aparato productivo, hicieron huir a inversionistas, propiciaron la fuga de capitales, lo que condujo al atraso, obviamente, a una profunda crisis social, que se manifiesta en desempleo, salarios de hambre, baja calidad de vida y una vulnerable economía informal. Ello repercutió desfavorablemente en los servicios, habiendo caído notablemente el servicio de electricidad, de agua, salud y educación. Los indicadores señalan que la pobreza ha crecido a niveles de hace 80 años, propios de países muy pobres, lo que ha generado problemas graves de salud en la población por desnutrición y sin acceso a medicamentos y alimentos. Para medir la dimensión de la problemática social, basta enseñar que el salario mínimo llega hoy día a 0.51 centavos de dólar y la pensión apenas a 030 céntimos dólar.
Los que profesamos la idea del humanismo cristiano entendemos que el trabajo es un derecho fundamental y un bien para el hombre. El trabajo es necesario para formar y mantener una familia. De manera que los problemas de la ocupación reclaman las responsabilidades del Estado, al cual compete el deber de promover políticas que activen el empleo, es decir, que favorezcan la creación de oportunidades de trabajo en el territorio nacional, incentivando para ello el mundo productivo. El deber del Estado no consiste tanto en asegurar directamente el derecho al trabajo de todos los ciudadanos, sino desarrollando políticas que incentiven la inversión productiva que creen trabajos dignos.
El pensamiento humanista cristiano sustenta que el trabajo asegura los medios de subsistencia y garantiza el proceso educativo de los hijos. Familia y trabajo, tan estrechamente interdependientes en la experiencia de la gran mayoría de las personas, requieren una consideración más conforme a la realidad, una atención que las abarque conjuntamente, sin las limitaciones de una concepción privatista de la familia y economicista del trabajo. Los derechos de los trabajadores, como todos los demás derechos, se basan en la naturaleza de la persona humana y en su dignidad trascendente. El trabajo que debe promoverse debe ser digno.
La Doctrina Social de la Iglesia ha dicho en repetidos documentos que la remuneración es el instrumento más importante para practicar la justicia en las relaciones laborales. El salario justo es el fruto legítimo del trabajo; comete una grave injusticia quien lo niega o no lo da a su debido tiempo y en la justa proporción al trabajo realizado El salario es el instrumento que permite al trabajador acceder a los bienes de la sociedad. La remuneración del trabajo debe ser tal que permita al hombre y a su familia una vida digna en el plano material, social, cultural y espiritual, teniendo presentes el puesto de trabajo y la productividad de cada uno, así como las condiciones de la empresa y el bien común. El salario del trabajador nunca debe ser en manera alguna insuficiente.
Así como los personeros del régimen, ahora han reconocido la infamia de encarcelación injusta de los presos políticos, igualmente deben reconocer la injusticia de su política salarial y de pensiones. No ha habido en el país un régimen tan anti obrero y anti pueblo como el chavista madurista que está en agonía. Deben tomar conciencia que los salarios y pensiones son de hambre. Ya robaron y despilfarraron bastante. Toca a hora reparar el daño a la clase trabajadora y pensionados.
Desde una visión humanista cristiana promovemos que las tareas inmediatas d ellos ingresos por venta de petróleo sea dirigida a iniciar la reparación social. Por ello deben dirigirse esos recursos a sanear los hospitales, fortalecer salud con acceso a tratamiento médico y medicinas, invertir en educación de calidad. De inmediato subir el salario mínimo y las pensiones. Deben restablecerse las comisiones tripartitas para concordar las condiciones de trabajo entendiendo la realidad actual. Que el salario y la pensión sea suficiente para atender necesidades básicas, estableciendo lapsos de revisión, en este momento de transición cada tres meses. De acuerdo a los indicadores nos atrevemos a señalar que debe partirse no menos de 300 dólares USA. La paz social pasa hacer justicia social. Nunca podrá haber estabilidad cuando haya injusticia, en especial, con salarios y pensiones de hambre.
Rodrigo Rivera Morales es Doctor en Derecho. Miembro fundador del capítulo España. Bloque Constitucional
