EE. UU. le diseñó a Venezuela la mejor Ley de Hidrocarburos de la región
Nadie sospecharía que sería el propio Donald Trump el que fulminara el entramado de corrupción y saqueo en torno al petróleo venezolano que se instauró con las normas de Hugo Chávez Frías entre 2004 y 2007.
La nueva Ley Orgánica de Hidrocarburos de Venezuela, promulgada ayer en la Asamblea Nacional, presidida por un Jorge Rodríguez que ahora solo funciona como hombre marioneta para el desmontaje de la revolución, la intentó celebrar como un logro suyo y de su hermana Delcy Rodríguez, encargada temporal de la Presidencia de la República, cuando todos saben que se trata de una directriz innegociable que debían cumplir para no terminar capturados como Nicolás Maduro.
Resulta lógico que una ley de avanzada como la hoy promulgada no pudo haber salido de las mentes de Miraflores cuando han demostrado, por más de 27 años, su ansiedad por el control absoluto que les legara Chávez.
Y es que, para sorpresa de los venezolanos, la nueva Ley de Hidrocarburos de Venezuela, diseñada desde Washington en el contexto del tutelaje para la transición, se convierte en una norma de las más prometedoras y robustas de la región, por mucho.
Pero, ¿Cuáles son esas ventajas?
Veamos:
¿Regalías caras o baratas?
Uno de los puntos que más ruido ha generado es el de las regalías. Si comparamos los números fríos, Venezuela parece ser "cara", pero el tema está en los detalles:
El esquema: Aunque la base de la nueva ley venezolana es del 30%, esta norma introduce una flexibilidad estratégica. El Ministerio encargado ahora tiene el poder de bajarlas hasta un 20% (o incluso menos) si el proyecto es difícil o la producción es baja.
La comparativa: Es cierto que Guyana sigue siendo el "paraíso" con un 2% de regalías en sus bloques estrella, y Brasil se mantiene entre el 5% y 15%. Sin embargo, Venezuela juega su carta de "infraestructura lista": es mucho más barato reactivar un pozo existente que construir toda una plataforma desde cero en el mar.
¿Por qué ahora y por qué Venezuela?
La ventaja competitiva de esta ley no es solo el papel, sino el contexto.
En un 2026 marcado por la nueva administración de Donald Trump y una flexibilización de sanciones, la ley venezolana ha sido diseñada para encajar como una pieza de rompecabezas con las licencias estadounidenses.
"Venezuela no busca ser la más barata, busca ser la más rentable y segura en el menor tiempo posible", si parafraseamos el concierto de varios expertos que ven la importancia de la nueva norma.
La Ley de 2026 introduce el pragmatismo: aunque mantiene el 30% como techo simbólico. Pero en la antigua ley, mientras que Miraflores buscaba maximizar la renta por barril, la nueva ley busca maximizar el volumen de inversión, entendiendo que es mejor cobrar el 15% de un millón de barriles que el 30% de una industria paralizada.
Blindaje internacional
Para atraer a las "Grandes Ligas" del petróleo, la ley de 2026 abraza formalmente el arbitraje internacional.
El cambio: Los conflictos ya no se dirimirán únicamente en tribunales locales. Esto otorga una seguridad jurídica equivalente a la de Colombia o Brasil, neutralizando el riesgo país que ahuyentaba los contratos a largo plazo.
El fin del jefe absoluto
Pero es que hay más, se acaba el control total de Pdvsa. Durante décadas, la estatal venezolana tenía que ser la jefa absoluta en cualquier proyecto.
Esa historia terminó y vaya que es un buen síntoma en el camino de la transición política-económica.
La nueva ley permite que las empresas privadas —nacionales e internacionales— asuman el control técnico y operativo total.
Esto es un cambio radical: ahora, una petrolera puede gestionar su exploración y producción de forma autónoma. Mientras que en otros países de la región todavía existen cuellos de botella burocráticos, Venezuela apuesta por la agilidad para que los proyectos no se queden engavetados.
Se espera que en los próximos 90 días se firmen los primeros acuerdos de transferencia de control operativo en la Faja del Orinoco que Chávez había nacionalizado en 2007, una ventaja que aprovecharon para vastos sectores del Miraflores de hoy, y también del, pasado reciente como el ex ministro “rojo rojito” del Petróleo, Rafael Ramírez, señalado por saqueo de millonarios recursos.
