Editorial | OLV: Una trinchera para la democracia
La política se vive con sueños, idealismo y pasión.
En las últimas tres décadas, la visión de una generación se desvirtuó y, por ende, su misión se desnaturalizó.
Las generaciones del 28, del 36 y del 58 fueron ejemplos de liderazgo que sembraron las bases para enfrentar el militarismo que, hasta ese entonces, era lo único que realmente se conocía.
Fue una generación soñadora e idealista que abrazó diferentes tendencias ideológicas: desde la izquierda marxista, pasando por corrientes socialistas más moderadas, hasta la derecha republicana y la democracia cristiana.
Los liceos y las universidades fueron escuelas de formación política. Allí se debatía.
Las tarimas servían para que sus exponentes hablaran de sus proyectos de sociedad y de país.
Los partidos mostraban a sus mejores cuadros políticos para captar votos. Fueron los años 60, 70 y 80 los mejores de la democracia, que logró sembrarse en todo el territorio nacional.
En los años 90 comienzan los “francotiradores” a “disparar” contra un modelo que, per se, no es perfecto, pero sí perfectible, como lo es la democracia.
Se inicia entonces un proceso de mercantilismo y pragmatismo que llegó a convertir la política en un negocio.
Ya en los liceos y universidades, los debates dejaron de ser el centro de la esencia política; así mismo, los dirigentes partidistas dejaron de ser la figura principal para exponer ideas y propuestas, puestos que fueron sustituidos en las tarimas por músicos, licores y la creación de condiciones propias del “pan y circo”.
En esos años 90 y 2000 nace una generación política desvinculada de la sagrada misión de ejercer la política para servir, ser útil a la sociedad, con valores, autenticidad y lealtad a los ideales.
Vemos cómo dirigentes universitarios, que fueron referentes en su “momento de gloria”, con el paso de los años se convierten en “fichas” de negocios.
Cambiaban de chaquetas partidistas como si fueran deportistas que aceptan las mejores ofertas para ir a defender las formas y los valores de aquellos que los compraron.
El populismo llegó a niveles de pornografía política.
Hoy, en Venezuela, se conocen los nombres de esta generación de los últimos 30 años.
Pero de todo hay en “la viña del Señor”, y eso es lo que queremos destacar y señalar.
Existe un grupo de jóvenes que, aún naciendo de organizaciones y bajo el liderazgo de políticos que hoy tienen más del 80 % de rechazo, prefirieron apartarse, salir del país y trabajar duro, arriesgando su capital electoral, pero nunca dejaron de soñar ni de ser honestos en las motivaciones que los inspiraron: “enamorarse” de la política.
En Florida, específicamente en Doral, Miami, se agrupan para formar un movimiento que lleva el nombre de Organización de la Liberación de Venezuela (OLV).
Sin recibir un céntimo de ONGs ni de movimientos políticos, han realizado un trabajo político significativo, incluso estableciendo enlaces en Washington, el Senado y la propia Casa Blanca.
Más de 150 congresistas han escuchado la realidad venezolana gracias a sus amplísimos trabajos de análisis e investigación.
Mientras otros partidos o movimientos iban en busca de recursos, estos jóvenes, liderados por Abelardo Ackar, llevaron pruebas para señalar los atropellos de la administración de Maduro.
Su trabajo más certero fue impulsar la calificación del Gobierno de Nicolás Maduro como “terrorista”, una estrategia propia que aún no ha sido reconocida en la política venezolana.
Nadie de esa oposición oficialista ni los reconocidos líderes mediáticos creyeron en esa ruta; incluso, algunos de estos líderes de papel los llamaron para que desistieran de ese objetivo, por el desgaste que iba a ocasionarles.
Nuestra editorial creyó en ellos y los motivó a continuar en la nada fácil tarea de convencer al mundo político de los EE. UU. de que Venezuela había sido convertida, más allá de un narcoestado, en un gobierno que podía fácilmente entrar en la lista de organizaciones terroristas.
Este reconocimiento es justo que se le otorgue a la OLV.
Con esa calificación se puso precio a la “cabeza” de Maduro, de Diosdado y de otros, y en consecuencia se produjo la acusación y persecución contra Maduro y Cilia Flores, quien no fue capturada solo por ser su pareja, sino por formar parte de la cúpula de poder de un cartel de drogas.
Hoy, estos jóvenes profesionales integrantes de la OLV se han ganado el reconocimiento como verdaderos soldados civiles al servicio de la libertad y la democracia en Venezuela, lejanos de aquellos políticos corruptos que se prestaron a un Estado fallido.
Adelante, jóvenes. Ustedes escribirán la futura historia de la República.
Carlos Alaimo
Presidente-Editor
