Editorial | ¿A quién responde Delcy?
Si queremos comprender el presente, debemos conocer el pasado; solo así podremos tener una visión y una premisa del futuro.
Hoy, Venezuela vive una encrucijada con dos rutas totalmente diferentes: salir del actual modelo autoritario y represor, o avanzar —gracias a Dios y a la acción de la administración de Donald Trump— hacia la occidentalización del país para recuperar la Venezuela que el modelo habanero nos robó.
Sale Maduro junto a Cilia en este primer capítulo de la temporada y entra Delcy Rodríguez.
¿Es esto casualidad?
No.
Desde nuestra labor como casa editorial hemos venido analizando los diferentes grupos que controlan el narcoestado, y los hermanos Rodríguez han mantenido un distanciamiento del manejo del poder tal como lo han ejercido Diosdado Cabello y Padrino López.
Por ello, Estados Unidos no colocó recompensas sobre sus cabezas, como sí lo hizo con el resto de la cúpula de Maduro.
Los hermanos Rodríguez han jugado muy bien el tablero del ajedrez político venezolano. Basta con revisar la formación académica de Maduro y de Delcy para evidenciar dónde comienza la diferencia.
El primero —hoy preso por su política al servicio de la destrucción de los valores occidentales— se formó y vivió bajo los altos estudios del modelo cubano.
Delcy, en cambio, se educó en el mundo occidental y dentro de una economía de primer mundo.
¿Podría calificarse a Delcy como traidora?
Hasta ahora, no.
Simplemente supo maniobrar dentro de ese “socialismo del siglo XXI” sin una definición clara y logró imprimirle su sello personal.
Llegó a ocupar roles importantes en medio de una economía destruida, una moneda devaluada y en caída libre, además de un sistema que criminalizaba el comercio dolarizado, generando un altísimo desabastecimiento.
Desde ese momento, y con un rol protagónico dentro de la administración de Maduro, impulsó un cambio de 180 grados: dolarizó de facto la economía y las finanzas del país.
Entre otras evidencias, Delcy y su hermano Jorge siempre mantuvieron su propia agenda política.
Por ello, la jugada estratégica de Trump al confiar el segundo capítulo de esta primera temporada del futuro del país a Delcy estaría justificada.
Aún faltan más capítulos para llegar a la transición anhelada y esperada, que daría paso a la última fase: refundar la nación.
Aspiramos a que ese proceso nos conduzca a una república federal y a una democracia parlamentaria, ambos modelos de primer mundo que nos alejarían del caudillismo y del mesianismo.
¿Podrá Delcy mantener su compromiso con la administración de Trump o cederá ante las amenazas de Diosdado y de los sectores extremistas, radicales y fanáticos del mundo?
En días o semanas sabremos a quién responde Delcy Rodríguez y hacia dónde se dirige Venezuela.
Carlos Alaimo
Presidente-Editor
