Bloomberg expone posibles escenarios tras la caída de Maduro: entre democracia y continuidad chavista
Desde la madrugada del 3 de enero, cuando fuerzas militares de Estados Unidos bombardearon e ingresaron a Caracas para capturar a Nicolás Maduro y a su esposa, Cilia Flores, Venezuela permanece sumida en un clima de incertidumbre y tensa calma. El operativo marcó un punto de quiebre en la crisis política venezolana y abrió una nueva etapa caracterizada por negociaciones directas entre Washington y sectores clave del chavismo, con el nombramiento de Delcy Rodríguez como presidenta encargada.
Con el paso de las horas, los pronunciamientos de altos funcionarios estadounidenses dejaron en evidencia que la administración del presidente Donald Trump optó por una salida pragmática, basada en acuerdos con figuras del poder establecido en Caracas, en lugar de impulsar de inmediato un cambio político liderado por la oposición. En ese contexto, la pregunta que domina el escenario regional es qué rumbo tomará ahora Venezuela.
Analistas consultados por Bloomberg Línea coinciden en que el país se enfrenta a varios escenarios posibles, que van desde la permanencia del chavismo en el poder, aunque sin Maduro, hasta una transición prolongada que eventualmente desemboque en nuevas elecciones.
Uno de los escenarios que cobra fuerza es la continuidad del chavismo bajo una nueva configuración de poder. Para Ronal Rodríguez, investigador y vocero del Observatorio de Venezuela de la Universidad del Rosario, en Colombia, Estados Unidos parece priorizar sus intereses estratégicos y energéticos por encima de una agenda centrada en valores democráticos. Trump ha reiterado públicamente que el petróleo venezolano pertenece a EE. UU., una afirmación que refuerza esta lectura.
Venezuela cuenta con las mayores reservas probadas de petróleo del mundo, estimadas en 303.000 millones de barriles, según la Administración de Información Energética de Estados Unidos, y con la octava mayor reserva de gas, calculada en 200,3 millones de pies cúbicos, de acuerdo con cifras del Ministerio de Hidrocarburos venezolano.
Para Rodríguez, el desenlace dependerá de si estos recursos se convierten en moneda de cambio político. "Habrá que ver si Venezuela logra el retorno a la democracia o, por el contrario, la consolidación de una dictadura con la anuencia de Estados Unidos a cambio de recursos energéticos. Ese tal vez sería el peor escenario posible", advierte. A su juicio, el país apenas se encuentra en las primeras horas de un proceso que podría extenderse durante meses o incluso años.
El antecedente más cercano de una operación similar es la intervención estadounidense en Panamá, entre diciembre de 1989 y enero de 1990, que derivó en la captura del entonces presidente Manuel Antonio Noriega. Tras ese episodio, el Ejército panameño fue disuelto y el país tardó cinco años en celebrar elecciones democráticas, un precedente que ilustra la complejidad y los tiempos prolongados de este tipo de procesos.
La eventual convocatoria a elecciones o la consolidación del chavismo, según Rodríguez, no dependerá únicamente de los acuerdos entre Washington y Delcy Rodríguez, sino también de la presión sostenida de la comunidad internacional. Sin embargo, esa presión luce fragmentada en una región profundamente dividida. Mientras países como Brasil, Colombia y México han cuestionado la intervención estadounidense, gobiernos como los de Argentina, Ecuador y El Salvador la han respaldado abiertamente.
Otros analistas advierten sobre los riesgos de una transición dirigida por los mismos actores que han controlado el poder durante más de dos décadas. Benigno Alarcón, fundador y exdirector del Centro de Estudios Políticos y de Gobierno de la Universidad Católica Andrés Bello, considera que dejar al chavismo al frente de un proceso de transición podría conducir al fracaso. "Una transición es un cambio de régimen que involucra un cambio de actores, de reglas y de instituciones, y si eso no ocurre, no hay transición", sostiene. A su juicio, un proceso fallido podría derivar en una reedición del autoritarismo o en un colapso violento del poder.
En una línea similar, Santiago Carranco, PhD en Estudios Internacionales y coordinador del Laboratorio de Relaciones Internacionales de la Universidad Internacional del Ecuador, no ve señales claras de una transición inmediata. Señala que Estados Unidos, al aceptar de facto a Delcy Rodríguez como presidenta encargada y dialogar directamente con ella, ha dejado de lado tanto a la oposición como a Edmundo González, a quien previamente reconocía como presidente electo.
Carranco explica que Washington ha procurado encuadrar la captura de Maduro no como una intervención contra un Estado soberano, sino como la detención de un individuo señalado como delincuente transnacional. La operación se sustentó en la USA Patriot Act y en la Authorization for Use of Military Force, instrumentos legales adoptados tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 que permiten el uso de la fuerza contra el terrorismo fuera del territorio estadounidense.
Maduro ha sido acusado por la administración Trump de liderar el denominado Cártel de los Soles, designado como grupo terrorista extranjero por el Departamento de Estado en noviembre de 2024. No obstante, el Departamento de Justicia sostiene que dicho cártel funciona más como un sistema clientelar y una estructura de corrupción alimentada por recursos del narcotráfico.
Frente a este panorama, otro escenario que emerge es el de una transición larga, controlada y tutelada. Manuel Camilo González, politólogo y docente de la Universidad Javeriana, considera que el hecho de que Estados Unidos no haya removido a toda la cúpula chavista responde al temor de generar un vacío de poder que pueda ser capitalizado por actores armados o derivar en un colapso institucional. También explica que respaldar de inmediato a un gobierno opositor implicaría una presencia militar estadounidense en el terreno, un costo político y económico que Washington busca evitar.
Aunque la líder opositora María Corina Machado no ha sido considerada por Trump para encabezar el proceso, González señala que su capacidad de movilización social podría acelerar una eventual transición si decide presionar desde las calles. Aun así, subraya que estos procesos no son inmediatos y requieren tiempo y resistencia.
Elizabeth Dickinson, subdirectora del programa para Latinoamérica del International Crisis Group, coincide en que Estados Unidos busca evitar escenarios de violencia interna o guerra civil, aprendiendo de intervenciones pasadas como Afganistán. Sin embargo, pone en duda la sostenibilidad de gobernar junto a autoridades chavistas que han resistido durante años cualquier intento de reforma democrática. En su análisis, Delcy Rodríguez enfrenta una posición extremadamente delicada, presionada tanto por Washington como por los sectores militares y políticos que aún controlan el poder interno.
Pese a las tensiones, Dickinson descarta por ahora una fragmentación del chavismo en la lucha por el poder y señala que el movimiento se mantiene relativamente cohesionado. Mike Vigil, exjefe de operaciones internacionales de la DEA, coincide en que la exclusión de la oposición busca evitar un conflicto interno, dado que figuras como Vladimir Padrino López y Diosdado Cabello conservan un control significativo sobre las armas y los cuerpos de seguridad.
Vigil advierte que Trump continuará presionando al chavismo y no descarta nuevas acciones para remover a otros altos dirigentes si no cumplen con sus exigencias. No obstante, subraya que la operación en Venezuela sienta un precedente delicado en el sistema internacional. "Ese ataque abre la puerta a que cualquier país del mundo que quiera atacar a otro para provocar un cambio de régimen pueda hacerlo", concluye.
