El diario plural del Zulia

Editorial | Premisas de 2026

La expresión de la democracia va más allá de ir a votar.

La democracia no se vive un solo día.

La democracia no solo se ejerce en las urnas en un evento electoral.

La democracia participativa y protagónica obliga al ciudadano y le permite escribir su propia historia. Ese concepto es universal y avalado por los organismos internacionales de los que Venezuela forma parte. Nuestra propia Constitución nacional lo contempla.

La participación ciudadana se ejerce en diferentes escenarios como asambleas populares, consejos federales y también en la calle.

Esta última olvidada y abandonada por el temor que ha generado una administración que sobrevive imponiendo el miedo y sembrando violencia desde los órganos de seguridad del Estado, con milicianos y colectivos que son utilizados como cuerpos paramilitares.

En Venezuela están dadas todas las condiciones para ejercer el sagrado derecho constitucional de la protesta. Las protestas cívicas y pacíficas estarían realmente justificadas.

Más allá de las razones políticas dadas tras la negativa de publicación de actas de las presidenciales de 2024, están las motivaciones sociales.

Los pensionados tienen sobradas razones para ir a la calle. Hoy en día perciben 2 dólares al mes. Los sueldos calificados de miserables no alcanzan y las prestaciones sociales retenidas se diluyen.

Los bonos de la Patria y el Bono de Guerra, los únicos fondos con los que las familias venezolanas pueden hacer frente de forma precaria a la inflación, podrían desaparecer en cuestión de semanas producto del bloqueo petrolero de EEUU en en Caribe.

¿Cómo no ir a la calle para luchar por mejores condiciones?

¿Cómo silenciar la rebeldía innata de un pueblo con sobradas razones para exigir justicia?

¿Cómo no salir a reclamar que la ley del seguro social no sea letra muerta?

La reflexión viene dada desde el foco socioeconómico que pone de relieve las necesidades que, por años, se quedaron establecidas como norma en la sociedad venezolana.

2025 se fue con mucha presión, con una amenaza militar jamás vista para Maduro y la élite del poder y con un pueblo agotado, pero expectante de una liberación que solo parece resignarse a las decisiones de Washington.

Pero resulta que la estrategia de Trump sería lograr el inicio de una transición sin poner tropas en riesgo, que el estallido venga de dentro y que los venezolanos también sean definitorios en la llamada fase final, es decir, que terminen de invocar sus derechos irrenunciables a la protesta o a la desobediencia civil contemplados en la propia Constitución Nacional.

Y para lograrlo se necesita de una concentración de líderes sociales, políticos, gremiales y profesionales.

Ese conjunto para activar y movilizar la calle debe despertar y lograr construir un plan de una sociedad que se haga respetar y no tenga que esperar una decisión de una administración de un gobierno extranjero en venir a realizar una tarea que nos corresponde a todos.

La exigencia de una renuncia a una administración que llevó el país a la ruina debe venir de la propia sociedad que ha vivido la destrucción.

Por eso creemos que la amenaza militar de EEUU al Gobierno de Nicolás Maduro puede convertirse en el elemento que termine reactivando definitivamente el retorno a las protestas de calle en Venezuela cuando el bloqueo petrolero impida al Estado honrar pagos y se viva el estrangulamiento final de la economía doméstica de millones de familias.

La defensa de la democracia plantea a los ciudadanos todos, los de dentro y los de fuera a empujar, desde cada espacio, para el sostenimiento de la separación de los poderes, la contraloría social, la lucha por los derechos y las libertades, la batalla en los medios, la denuncia, la coordinación ciudadana, el periodismo responsable… en pocas palabras, a proteger el Estado de Derecho.

¿Seremos capaces de construir un proyecto sostenido y prolongado donde la calle hable?

O ¿nuestro pueblo agotado, seguirá expectante de una liberación que solo parece resignarse a las decisiones políticas de Washington?

En la historia están reseñadas decenas de jornadas de rebeldía popular que cambiaron el rumbo de naciones. Los verdaderos líderes políticos en Venezuela deben de evaluar que las condiciones para ejercer la democracia, apegadas a las leyes, se deben ejercer y en el 2026 las calles deben hablar.

Los ciudadanos sólo atenderían el llamado de figuras honestas y valientes que sumados a los líderes sociales, gremiales y profesionales serían capaces, con una visión compartida y dirección colegiada, de lograr un cambio en el timón de Miraflores.

Maduro fracasó en su gestión en la conducción del Estado y los ciudadanos tienen el derecho de expresar su irreverencia y rebelarse.

¿Es la hora de ejercer el artículo 333 y 350 de la Constitución nacional?

La respuesta está en los ciudadanos y la ruta es la calle.

La historia que se escribe ahora debe superar la frustración, aceptar los apoyos y aprender a negociar con criterio propio para la nación que se construirá. El tutelaje total sería un precio muy alto a pagar.

Y eso lo sabe Washington y también la Nobel de la Paz.

Carlos Alaimo

Presidente-Editor

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