The Telegraph: El verdadero objetivo de Trump es liberar Venezuela y Cuba
Cuando el fiscal general de Estados Unidos asumió personalmente el control de la Operación Mangosta, la declaró la “máxima prioridad” del país y aseguró que no se escatimarían “tiempo, dinero, esfuerzo ni personal”. Ese funcionario era Robert Kennedy y el objetivo principal era derrocar a Fidel Castro y “liberar” a Cuba del dominio comunista.
La Operación Mangosta, célebre por su extensa pero infructuosa campaña de subversión, comenzó en noviembre de 1961. Inspiró numerosas películas de Hollywood, pero no logró el “amanecer de la libertad” en Cuba que buscaba Washington.
Ahora, y aunque parezca increíble, nuevas señales apuntan a que la historia podría estar repitiéndose: la administración de Donald Trump estaría evaluando una iniciativa similar.
Trump ha desplegado cerca del 10 % de toda la Armada estadounidense en el Caribe, incluidos destructores de misiles guiados, un submarino de ataque de propulsión nuclear y dos buques de asalto anfibio. A esta fuerza se sumó recientemente el USS Gerald R. Ford, el portaaviones más grande del mundo, que llegó al Atlántico occidental al frente de un grupo de ataque naval. Se trata del mayor despliegue militar estadounidense en la región desde la intervención en Panamá en 1989.
Según reporta The Telegraph, el objetivo declarado es el gobierno de Nicolás Maduro en Venezuela, identificado por Washington como hostil y alineado con adversarios como China y Rusia. Pero expertos advierten que ese no sería el único propósito. A juicio de analistas, Trump —y especialmente el secretario de Estado Marco Rubio— consideran que un cambio de régimen en Caracas sería el paso previo para intentar otro en La Habana y concretar la “liberación” de Cuba, 65 años después de que Kennedy fijara ese objetivo como prioridad nacional.
En esta visión geopolítica, Venezuela desempeña un rol crucial. Durante años, Caracas ha sido un soporte clave para la economía cubana. Sin Maduro —señalan expertos— el presidente cubano Miguel Díaz-Canel perdería un apoyo vital.
Rubio lo ha dicho sin ambigüedades. “Estados Unidos seguirá defendiendo los derechos humanos y las libertades fundamentales del pueblo cubano”, declaró el 11 de julio, “y dejará claro que ningún régimen ilegítimo y dictatorial es bienvenido en nuestro hemisferio”.
La presión sobre Venezuela también se ha intensificado. El 7 de agosto, Washington duplicó a 50 millones de dólares la recompensa por “información que conduzca al arresto y/o condena” de Maduro, cifra superior a la ofrecida por Osama bin Laden en su momento. El Departamento de Estado acusa a Maduro de liderar el Cártel de los Soles, un presunto grupo narcoterrorista responsable del tráfico de drogas hacia Estados Unidos.
En septiembre, Trump dio un paso más al autorizar hundir sin previo aviso embarcaciones sospechosas de transportar drogas. Desde entonces, lanchas rápidas procedentes de Venezuela han sido destruidas en aguas internacionales; Trump incluso celebró en redes sociales un ataque del 2 de septiembre en el que murieron “11 terroristas”. Hasta ahora, 22 embarcaciones han sido alcanzadas por misiles, con un saldo de 83 fallecidos.
Pero el incremento de poder militar va más allá de operaciones antidrogas. ¿Cuál es, entonces, el objetivo final? Para Christopher Sabatini, investigador de Chatham House, Trump no estaría contemplando invadir Venezuela, algo que califica de “temerario hasta lo inverosímil”. El país, con 28 millones de habitantes y más del triple del tamaño de Gran Bretaña, requeriría una fuerza de ocupación gigantesca. En cambio, el propósito sería presionar —o golpear— a las élites militares para provocar la caída de Maduro.
Trump quiere amedrentar a la cúpula militar cercana a Maduro para que lo destituyan”, afirma Sabatini. “El objetivo es provocar a los militares para que den un golpe de Estado”.
En un eventual escenario pos-Maduro, el liderazgo democrático podría recaer en figuras como Edmundo González o María Corina Machado. González ganó las elecciones presidenciales del año pasado, aunque Maduro se atribuyó la victoria y lo obligó al exilio. Machado fue inhabilitada y permanece en la clandestinidad; en octubre recibió el Premio Nobel de la Paz por su “incansable labor en la promoción de los derechos democráticos del pueblo venezolano y por su lucha por lograr una transición justa y pacífica”.
Sin embargo, Sabatini advierte que el resultado más probable tras una intervención sería la llegada al poder de un militar, no de un líder opositor. Un general que asuma tras un golpe, incluso con apoyo estadounidense, difícilmente cedería el mando de inmediato.
La eventual caída de Maduro, sin embargo, no garantiza un colapso del régimen cubano. Aunque Venezuela fue durante años un “salvavidas” energético para la isla —en palabras de Sabatini—, ese apoyo ha disminuido drásticamente. Los envíos de crudo cayeron de 100.000 barriles diarios a unos 32.000 el año pasado. Con precios internacionales bajos, Cuba podría abastecerse en otros mercados, incluida Rusia, que busca compradores para su petróleo sancionado.
El régimen cubano, además, ha demostrado resiliencia. Sobrevivió a la muerte de Fidel Castro en 2016 y continúa bajo la dirección de Miguel Díaz-Canel tras la salida de Raúl Castro en 2021. Aun así, Rubio parece considerar que el momento para avanzar hacia un cambio de régimen está cerca. “Para él, este es un proyecto muy personal”, afirma Sabatini. “Cuba es el siguiente paso”.
Rubio se ha opuesto durante años a cualquier intento de normalizar relaciones con La Habana. Según un miembro del Senado citado por Foreign Policy, “el proyecto que Rubio quiere dejar como legado es el cambio de régimen en Cuba. Esta es su oportunidad para hacer lo que siempre ha querido hacer”.
La administración Trump también ha enviado señales claras: a 24 horas de su regreso a la Casa Blanca, el presidente revocó la decisión de Joe Biden y mantuvo a Cuba en la lista de países patrocinadores del terrorismo. La Habana ha reaccionado denunciando la presión de Washington. “El actual secretario de Estado no nació en Cuba, nunca ha estado en Cuba y no sabe nada de Cuba”, dijo el canciller Bruno Rodríguez Parrilla. “Está llevando a cabo una agenda muy personal y corrupta”.
A pesar de todo, analistas dudan de que un cambio en Venezuela por sí solo derribe al gobierno cubano. La isla ha soportado crisis más profundas y el historial de intentos de cambio de régimen impulsados por Estados Unidos no es alentador. Ni la invasión de Bahía de Cochinos ni la Operación Mangosta lograron su objetivo.
Resta por ver si Trump comparte plenamente la visión de Rubio. Aunque llegó al poder criticando las intervenciones extranjeras, podría sentirse tentado a triunfar donde otros presidentes fracasaron. Para su base política, América Latina sigue siendo la principal fuente de drogas, delincuencia e inmigración irregular hacia Estados Unidos. En ese marco, presentar una ofensiva contra dos gobiernos hostiles, uno de ellos a apenas 145 kilómetros de Florida, podría ser argumentado como una forma de “proteger la patria”.
Las próximas semanas dirán si esa ambición se convierte en política real.
