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¿Qué se sabe de la operación “Lanza del Sur” de Estados Unidos en el Caribe?

El anuncio formal de la operación por parte del secretario de Defensa, Pete Hegseth, es la culminación de meses de planificación estratégica. Un componente clave de la "Lanza del Sur" es la integración de la tecnología no tripulada de última generación. La operación contempla el uso de buques de superficie robóticos de larga duración y lanchas interceptoras robóticas

La llegada del portaaviones USS Gerald R. Ford a aguas cercanas a Venezuela marca un nuevo y decisivo capítulo en la escalada militar de Estados Unidos en la región caribeña. Esta iniciativa, denominada "Lanza del Sur", combina una masiva presencia naval, tecnología robótica de vanguardia y una intensa presión diplomática.

El despliegue ha sido calificado como la mayor presencia militar estadounidense en el Caribe desde los tiempos de la primera Guerra del Golfo (1990-1991).

El anuncio formal de la operación por parte del secretario de Defensa, Pete Hegseth, es la culminación de meses de planificación estratégica. Estos movimientos se remontan al 28 de enero, cuando la Cuarta Flota de la Armada ya anticipó la puesta en marcha de esta significativa misión. La operación se desarrolla en el área de responsabilidad del Comando Sur, que abarca a más de treinta países en Sudamérica, Centroamérica y el Caribe.

La misión tiene como objetivo declarado fortalecer la vigilancia en zonas marítimas de "importancia estratégica y económica" en el hemisferio.

Asimismo, busca mejorar la cooperación regional y los procesos de toma de decisiones con sus aliados en la zona. La operación ha cobrado fuerza en paralelo con la política antinarcóticos de Washington, que vincula directamente al gobierno de Nicolás Maduro con el Cartel de los Soles.

En octubre, el secretario Hegseth había anunciado formalmente la creación de una fuerza de tarea conjunta antinarcóticos. Esta fuerza opera bajo el paraguas del Pentágono y su objetivo primario es desarticular los cárteles en el mar Caribe.

El almirante Alvin Holsey explicó que esta fuerza mejorará la capacidad para "detectar, desarticular y desmantelar las redes de narcotráfico con mayor rapidez y profundidad".

El despliegue incluye una amplia gama de recursos militares, como buques de guerra, cazas F-35 y aeronaves de reconocimiento especializadas. Este contingente forma parte del grupo de ataque del USS Gerald R. Ford, que lleva a bordo más de cuatro mil marineros y decenas de aeronaves.

Todo ello ha incrementado drásticamente la presión sobre el gobierno de Nicolás Maduro, a quien Washington insiste en calificar como "líder ilegítimo".

Un componente clave de la "Lanza del Sur" es la integración de la tecnología no tripulada de última generación. La operación contempla el uso de buques de superficie robóticos de larga duración y lanchas interceptoras robóticas. Estos sistemas no tripulados operarán junto a los guardacostas estadounidenses para suministrar inteligencia a los centros de operaciones de la Cuarta Flota.

Hasta la fecha, las acciones militares han sido contundentes y se han registrado al menos veinte ataques contra embarcaciones sospechosas de narcotráfico. El saldo de estos incidentes ha sido de al menos setenta y nueve personas muertas, con el objetivo de interrumpir el flujo de drogas.

Desde el 2 de septiembre, Washington afirma haber hundido decenas de embarcaciones y abatido a más de 70 "narcoterroristas" en el Caribe y el Pacífico.

El contraalmirante Carlos Sardiello subrayó que la operación busca perfeccionar las tácticas, técnicas y procedimientos de la Armada en la región. El comandante Edwards describió la iniciativa como un avance significativo en la evolución de la Campaña de Flota Híbrida. El propósito es apoyar la detección y el monitoreo del tráfico ilícito, extrayendo lecciones para ser aplicadas en otros escenarios globales.

La reacción de los países vecinos de Venezuela ante el despliegue ha sido notablemente dispar en la región. Venezuela y Colombia han rechazado categóricamente las acciones militares estadounidenses, calificándolas de intimidación.

Por otro lado, Panamá aseguró que no respaldará "ningún acto hostil" contra Caracas, pese a realizar ejercicios militares conjuntos con Estados Unidos.

Expertos consultados discrepan sobre la probabilidad real de que aviones de guerra despeguen del USS Gerald R. Ford para atacar objetivos en Venezuela. Sin embargo, la analista Elizabeth Dickinson afirmó que la presencia representa la esencia del poder militar estadounidense en Latinoamérica.

El despliegue militar se produce en un contexto donde el presidente Donald Trump autorizó el uso de la fuerza contra cárteles, designados como terroristas. Esta presión militar se acompaña de la confiscación de más de setecientos millones de dólares en activos a Maduro. Washington ha declarado a Maduro como líder de un grupo terrorista y ofrece una recompensa de cincuenta millones de dólares por información para su captura.

En un ámbito más geopolítico, la situación de Venezuela se ve enmarcada en la competencia global de potencias. Analistas recuerdan que la operación busca mantener a raya el narcotráfico y también contrarrestar la influencia de China y Rusia en la región. El director ejecutivo de American Global Strategies señaló que el despliegue se mantendrá el máximo tiempo posible hasta que se logre interrumpir el narcotráfico hacia Estados Unidos.

 

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