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Por qué el tiempo parece pasar más rápido al envejecer, según la ciencia moderna

Este proceso se conoce como “desdiferenciación neural” y afecta la precisión mental. Aprender cosas nuevas, viajar o vivir experiencias intensas puede revertir parcialmente el efecto. Los científicos aseguran que mantener la curiosidad activa ayuda a “ensanchar” la vida

Un estudio internacional reveló que la sensación de que el tiempo pasa más rápido con los años tiene una base científica. A medida que envejecemos, el cerebro registra menos eventos por unidad de tiempo, lo que genera la percepción de que los días se acortan, aunque el reloj siga marcando las mismas horas.

El fenómeno, conocido como “desdiferenciación neural”, se produce cuando las áreas cerebrales pierden precisión y dejan de distinguir con la misma nitidez los estímulos cotidianos. En consecuencia, las experiencias se comprimen y los recuerdos se acumulan con menor detalle, haciendo que el paso del tiempo parezca acelerarse.

Los investigadores sostienen que esta reducción en la “resolución temporal” del cerebro explica por qué la infancia parece tan larga y los años adultos, tan fugaces. En los primeros años de vida, cada estímulo es nuevo; en la madurez, en cambio, el cerebro filtra más información y guarda solo lo esencial.

Pero los científicos aseguran que el proceso puede “desacelerarse”. La clave está en estimular el cerebro con experiencias novedosas y emocionalmente significativas. “Aprender algo nuevo, viajar o cambiar de entorno obliga al cerebro a registrar más información, ampliando la percepción del tiempo”, explican los autores del estudio.

Los expertos también recomiendan actividades que combinen reto cognitivo y emoción, como aprender un idioma, practicar un instrumento o realizar deportes nuevos. Estas acciones incrementan la actividad neuronal y refuerzan la plasticidad cerebral, un mecanismo esencial para mantener la mente joven.

De acuerdo con los investigadores, la percepción subjetiva del tiempo no solo depende del reloj biológico, sino de cuán atentos estamos a lo que vivimos. Cuando los días se llenan de rutinas repetitivas, el cerebro deja de registrar novedades y los años “se comprimen” en la memoria.

“Envejecer no tiene por qué sentirse como un proceso que se acelera”, concluye el informe. “La vida puede seguir sintiéndose larga si seguimos aprendiendo, explorando y sorprendidos por el mundo”.

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