Brasil mantiene cautela ante escalada de tensión entre Venezuela y EE. UU.
El gobierno de Brasil manifestó su rechazo a la presencia militar de Estados Unidos en el Caribe, al considerarla un “factor de tensión incompatible con la vocación pacífica de esta región”. El presidente Luiz Inácio Lula da Silva advirtió que la lucha contra el crimen organizado no debe emprenderse con “medidas unilaterales ni acciones militares”.
Celso Amorim, asesor especial para Asuntos Internacionales de la Presidencia, recordó que el principio de no intervención es un pilar de la política exterior brasileña. Al mismo tiempo, alertó que la presencia de buques de guerra estadounidenses cerca de Venezuela puede derivar en una escalada regional.
La especialista en política exterior venezolana Stephanie Braun señaló a Tal Cual que “Brasil ha adoptado una postura de cautela, buscando monitorear y observar el desarrollo de los acontecimientos, sin actuar de inmediato como mediador”. A su juicio, las operaciones de la administración de Donald Trump, justificadas como una ofensiva antidrogas, son percibidas más como “una forma de presión política que como acciones legitimadas por la realidad”.
Aunque Brasil no reconoce a Nicolás Maduro como presidente electo, mantiene lo que Lula califica como una “relación de Estado” con Caracas, por razones geopolíticas y humanitarias: se estima que unos 20.000 brasileños viven en Venezuela y cerca de medio millón de venezolanos residen en Brasil bajo condición de refugiados.
El ministro de Defensa, José Múcio, aseguró que Brasil sigue de cerca la situación y mantiene operaciones en la frontera para evitar que el país “se convierta en una trinchera”. Reiteró que Brasil no tomará partido y que la presencia militar en la zona busca proteger la soberanía. Múcio comparó la confrontación entre Washington y Caracas con “una pelea de vecinos” y expresó su deseo de que se resuelva pronto.
Braun advirtió que, por la cercanía geográfica con Venezuela, cualquier escalada militar “podría impactar el territorio brasileño, lo cual no sería favorable” y tendría consecuencias económicas y migratorias. Aun así, considera probable que, en caso de un agravamiento del conflicto, Brasil intente mediar a nivel bilateral, regional y multilateral para “deponer las armas y poner fin a esa eventual guerra armada”.
Según Braun, de producirse una intervención estadounidense, el gobierno de Lula mantendría una postura neutral, dado que “actualmente no tiene relaciones estrechas ni con Maduro ni con Trump”, lo que ayudaría a evitar acusaciones de favorecer al mandatario venezolano.
El despliegue de Estados Unidos incluye al menos ocho buques de guerra, aviones de vigilancia P-8, un submarino de ataque y varios cazas F-35 estacionados en Puerto Rico. La Casa Blanca sostiene que la operación busca frenar el narcotráfico. Esta semana, Washington reportó la destrucción de tres “narcolanchas” en el Caribe, supuestamente procedentes de Venezuela, pero solo presentó videos de dos de los incidentes y no precisó detalles del tercero.
Por su parte, Maduro advirtió que responderá a cualquier acción militar con una “lucha armada” y calificó la operación estadounidense como “la más grande amenaza que se haya visto en nuestro continente en los últimos 100 años”, asegurando que hay “1.200 misiles” apuntando a Venezuela.
Consultado sobre una posible escalada que incluya ataques al territorio continental, Trump no descartó la posibilidad y afirmó: “Mire, Venezuela nos está enviando a sus pandilleros, a sus narcotraficantes y drogas; no es aceptable”.
Ante este escenario, Braun sostuvo que “lamentablemente no existen mecanismos regionales que puedan frenar una incursión militar de Estados Unidos en Venezuela”. No obstante, considera que organismos como la OEA o la Celac, junto con la mediación de países como Brasil, Colombia y México, podrían servir de plataforma “para repudiar las acciones, buscando así promover cierto grado de influencia positiva en dicho conflicto armado, en caso de que llegara a materializarse”.
