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El País | Estados Unidos mantiene hostilidades contra Venezuela

Estados Unidos no cesa en sus hostilidades contra Venezuela. La flota norteamericana fondeada en el mar Caribe ha destruido este lunes con armamento de guerra una segunda embarcación que zarpó de la costa de venezolana. Se trata de una clara señal al chavismo de que, lejos de cesar, la presión aumenta con el paso de los días.

En un artículo publicado por El País de España aseguran que la incertidumbre reina entre políticos, analistas y conocedores de la política venezolana. Donald Trump asegura que los destructores y los buques de asalto anfibio, que imágenes satelitales los sitúan en el límite con aguas venezolanas, tienen como objetivo acabar con el trasiego de droga que se dirige a su país.

Hace 12 días hundieron una lancha con 11 personas a bordo y este lunes aniquilaron otra embarcación con tres personas dentro. Según el inquilino de la Casa Blanca, los dos barcos iban cargados de droga y esa es la justificación para destruirlos con misiles. Sin embargo, de Venezuela sale una cantidad muy baja de droga —el 5 %, de acuerdo con la ONU— si se le compara con otros países de su entorno, como Colombia o Ecuador.

La sensación general y la que transmite también el secretario de Estado, Marco Rubio, es que ese despliegue es una amenaza directa a Maduro y su círculo. Maduro dijo este lunes, unas horas antes de conocerse el nuevo ataque, que estos incidentes los provoca Estados Unidos “para justificar” una invasión.

En los últimos días circulaban distintas informaciones que aseguraban que había conversaciones entre Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional, y funcionarios estadounidenses.

“No es cierto, no hay ningunas conversaciones”, dice una fuente familiarizada con estos diálogos que llevan en pie, de forma intermitente, desde 2019, sin que hayan servido para producir ningún cambio político en Venezuela.

“El momento es el más difícil que se ha vivido. Trump es imprevisible. No creo que vaya a acabar esto en una guerra, pero nadie se atreve ya a asegurar nada”, dice el mismo interlocutor.

La situación es inédita en el Caribe, según la Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos (WOLA), una organización estadounidense de primer orden que promueve los derechos humanos, la justicia social y la democracia. “Lo que hemos visto hasta ahora sugiere que las fuerzas armadas de EE. UU. hicieron algo que, según nuestro conocimiento, nunca han hecho en más de 35 años de participación militar en la interdicción de drogas en el mar Caribe: una escalada instantánea a una fuerza letal desproporcionada contra una embarcación civil sin ninguna justificación aparente de defensa propia”, señala Wola en un informe.

Las acciones contundentes contra esas embarcaciones, de las que se desconoce si los tripulantes recibieron una advertencia, dejan dudas jurídicas. La administración Trump las defiende argumentando que estos carteles en realidad son grupos terroristas que amenazan la seguridad nacional de su país, como ISIS o la Guardia Revolucionaria iraní.

Sin embargo, un buen número de juristas señalan que se está haciendo una mala interpretación de la legalidad. “Esta nueva acción militar podría constituir una ejecución extrajudicial y debe ser investigada. Las actividades de narcotráfico vinculadas al gobierno de Venezuela no justifican uso de fuerza letal”, dice Carolina Jiménez Sandoval, presidenta de Wola para Latinoamérica.

El mundo asiste en vilo al devenir de los acontecimientos. Rubio insiste en que Maduro debe ser depuesto y enjuiciado en Estados Unidos. Al principio, las palabras del secretario de Estado parecían una amenaza vacía, una más de las duras palabras que le ha dedicado estos años a los gobiernos de Cuba y Venezuela —el leitmotiv de su carrera política—. Ahora todo se ve desde una luz diferente. Caracas ha desplegado tropas por todo su territorio y alista milicianos a los que les enseña usar un fusil.

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