Uribe acusa a Petro de instigar el asesinato de Uribe Turbay
El asesinato del senador Miguel Uribe Turbay, una figura emergente del partido opositor Centro Democrático, ha desatado una tormenta política en Colombia. En un discurso cargado de indignación, leído en su nombre durante el homenaje póstumo al senador en el Capitolio Nacional, el expresidente Álvaro Uribe señaló directamente al actual presidente Gustavo Petro como responsable de instigar el crimen con sus discursos.
La acusación, pronunciada este miércoles, no solo reaviva las tensiones entre dos líderes de polos opuestos, sino que expone las profundas heridas de un país marcado por la violencia y la polarización.
Miguel Uribe Turbay, de 39 años, murió el lunes en Bogotá tras dos meses en estado crítico, consecuencia de un atentado el 7 de junio en el que recibió dos disparos en la cabeza. Considerado una de las promesas del Centro Democrático, su pérdida ha golpeado a la oposición y reavivado el debate sobre la seguridad de los líderes políticos en Colombia. El crimen, aún sin responsables claros, ha dado pie a una narrativa incendiaria que amenaza con profundizar la división política.
Desde su confinamiento domiciliario —tras ser condenado a 12 años por fraude procesal y soborno—, Uribe no pudo asistir al funeral de Uribe Turbay, pero su mensaje resonó con fuerza. En él, acusó a Petro de fomentar un clima de odio al señalar al abuelo del senador, el expresidente Julio César Turbay (1978-1982), como responsable de torturas durante su gobierno.
Según Uribe, las palabras de Petro en la red social X, donde afirmó que Turbay llevó “a 10.000 colombianos a la tortura” con su “estatuto de seguridad” contra la guerrilla del M-19, habrían alimentado la violencia que culminó en el asesinato, publica DW.
Las declaraciones de Uribe no son un hecho aislado, sino un reflejo de las cicatrices que la historia colombiana aún no ha cerrado. Petro, exmiembro del M-19, ha sido criticado por sectores de la oposición por su retórica hacia figuras históricas como Turbay, cuyo gobierno enfrentó a esa guerrilla en una época de alta conflictividad.
Uribe, en su discurso, defendió la memoria de Turbay y de su hija Diana, madre del senador asesinado, quien murió a manos del “narcoterrorismo”. Para Uribe, Petro ignora el papel de ambos en el proceso de paz con el M-19, un hito en la búsqueda de reconciliación en los años 80.
Estamos ante un caso excepcional del discurso presidencial, instigador”, sentenció Uribe, marcando un punto de inflexión en su crítica al actual gobierno. Sin parentesco con el senador fallecido, el expresidente aprovechó el momento para posicionar el crimen como un magnicidio alimentado por “odios políticos” y “acciones criminales”.
El asesinato de Miguel Uribe Turbay no solo enluta a sus seguidores, sino que plantea preguntas inquietantes sobre el clima político en Colombia. Las acusaciones de Uribe, aunque sin pruebas directas que vinculen a Petro con el atentado, reflejan un país donde las palabras de los líderes pueden tener consecuencias impredecibles. La retórica de ambos bandos, cargada de referencias a un pasado violento, parece alimentar una polarización que dificulta el camino hacia la reconciliación.
Mientras las autoridades investigan el crimen, la sociedad colombiana observa con preocupación cómo un hecho trágico se convierte en combustible para una batalla política. ¿Es posible sanar las heridas de un país cuando sus líderes se acusan mutuamente de incitar la violencia? El legado de Miguel Uribe Turbay, un político que buscaba construir desde la oposición, podría quedar opacado por una narrativa de venganza y división si no se encuentra un punto de encuentro.
Lee más:
Petro advierte que denunciará difamaciones sobre asesinato de senador Uribe Turbay
