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Jesús Seguías: “Pienso que cada día nos aproximamos más a una solución”

En entrevista con La Nación, diario argentino, el presidente de la firma Datincorp analiza el contexto electoral. “El dilema del gobierno es qué hacer ahora: si continuar con sus criterios radicales o dar un viraje y aproximarse más al circuito de los partidos socialistas democráticos del mundo, con lo que les iría mejor”, explicó

Un especial del diario La Nación, en Argentina, elaborado por Julieta Nassau, periodista, cuenta con una potente entrevista a Jesús Seguías, presidente de la firma Datincorp.

Pasada una semana de los históricos comicios, Seguías ofrece su visión sobre lo ocurrido tras las elecciones y en cuya receta predomina la exigencia nacional e internacional para que el CNE muestre las actas de escrutinio, en el marco de manifestaciones populares, denuncias de persecución y criminalización de la protesta.

–¿Considera que la presión internacional –vía diplomacia o sanciones- puede tener algún efecto sobre el gobierno de Maduro?

La experiencia que hemos tenido en Venezuela en los últimos 25 años ya ha probado que el mecanismo de las sanciones para forzar algún cambio de gobierno no tuvo éxito. El caso más emblemático fue el del interinato dirigido por Juan Guaidó, impulsado y apoyado enérgicamente por Donald Trump. Nicolás Maduro sobrevivió a esas presiones. Y ya tenemos la experiencia desde Chávez inclusive de que al gobierno venezolano le importa muy poco lo que pueda opinar la comunidad internacional. Ellos tienen su proyecto bien definido, forman parte de ese club de socialistas rudos, socialistas tipo Cuba, que tienen una ética del poder totalmente distinta a la que puedan tener otros socialistas en el mundo. Entonces el dilema del gobierno es qué hacer ahora: si continuar con sus criterios radicales, que además son inútiles -porque en ninguna parte han triunfado-, o dar un viraje y aproximarse más al circuito de los partidos socialistas democráticos del mundo, con lo que les iría mejor.

–¿Qué herramientas tiene la oposición, esta vez unificada y con mayor apoyo interno, para lograr un final distinto? ¿Hay margen para negociar una transición?

La oposición en este momento tiene una gran fortaleza, pero también tiene una gran debilidad. La gran fortaleza es que tienen un liderazgo definido con María Corina Machado, que ha logrado impactar emocionalmente. Pero esa fortaleza a su vez es su gran debilidad, porque el gobierno ha dicho mil veces que jamás le van a entregar el poder a Machado y a otros líderes de la oposición por las confrontaciones anteriores. Es más, ha dicho que no le entregará el poder a nadie de la oposición. Además, los opositores le pusieron las cosas más duras al gobierno porque no se planteó una solución más moderada para contemplar un entendimiento.

Ahora ambos lados están montados en un ring y no vemos a nadie ceder. Machado dijo que están dispuestos a negociar los términos de una salida y respetar los derechos políticos de todos. Pero el tema de fondo es: ¿hay confianza en el gobierno hacia lo que diga María Corina Machado? Yo pienso que no. Mientras ella sea la líder con la cual el gobierno debe negociar, lo veo muy complicado. Yo creo que la oposición y Machado deben contribuir en buscar construir espacios de confianza, que es la base fundamental de cualquier negociación. González Urrutia luce como una persona adecuada para una transición, pero aún no ha demostrado tener autonomía y pareciera ser que quien va a dirigir un eventual gobierno suyo va a ser Machado; eso es lo que tiene el juego trancado.

–Las primeras reacciones tras el anuncio del CNE fueron protestas ciudadanas, a las que el gobierno respondió con represión. Después de las experiencias de 2014 y 2017, ¿podría haber un cambio en Venezuela impulsado desde las calles?

Definitivamente no. La violencia en las calles no va a generar ningún tipo de cambio en Venezuela y la razón es muy sencilla: el gobierno tiene todos los poderes de coacción suficientes para impedirlo. Además, el gobierno está estructurado ideológica y políticamente para la confrontación, y no solamente con los opositores, también con Estados Unidos. Para ellos es la épica revolucionaria al mil por mil.

El terreno de la calle, el terreno de la insurrección popular y hasta militar, no veo que sea el mecanismo para resolver la crisis venezolana. Definitivamente la única salida es la transición negociada y también la vía electoral. Afortunadamente la oposición volvió a asumir la vía electoral después de haberla perdido tras las elecciones parlamentarias del 2015 -en mala hora, porque eso condujo a errores muy graves-. Cada vez que la oposición asume la ruta electoral, le va bien. Lo malo de este caso es que al desconocer abiertamente los resultados por parte del gobierno está como dinamitando la ruta electoral que tanto costó construir. Si Maduro se queda en el poder seis años más, no quiero imaginarme cuántos venezolanos van a participar en un próximo proceso electoral. Esta es quizás una de las mayores pérdidas que tendría este proceso, además del éxodo compulsivo de millones de venezolanos.

–En resumen, ¿podría haber esta vez una salida para la crisis de Venezuela? Y si no, ¿Qué condiciones faltan?

Yo soy optimista por naturaleza. Pienso que cada día nos aproximamos más a una solución. En primer lugar, porque el país que tenemos hoy no le sirve a nadie; ni a Maduro, ni a los chavistas, ni a la oposición. Y eso es una condición apropiada para empezar desde cero y comenzar un proceso de cambios internos a través de las negociaciones. Todo el mundo, incluyendo a Maduro, quisiera un cambio. Lo que se discute ahora es quién lo dirige. ¿Qué condiciones faltarían para eso? En primer lugar, bajarse del ring, porque mientras estemos montados en el ring, va a ser difícil construir espacios de confianza, claves para una negociación exitosa. En segundo lugar, debe primar el pragmatismo. Si nos pusiésemos de acuerdo en términos muy pragmáticos, donde a veces hay que tragar sapos o hacer concesiones fuertes, quizás un año será suficiente para que el mundo sepa lo que es Venezuela y el potencial que tiene por delante.

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